miércoles, 26 de mayo de 2010

El misterio de la energía perdida

Un artículo reciente titulado Tracking Earth’s energy: From El Niño to global warming, uno de cuyos autores el Kevin Trenberg, del que ya hemos hablado, discute el hecho de que los satélites que miden por una parte, la cantidad total de luz solar absorbida por la Tierra, y por otra, el total de energía infrarroja (IR) liberada por la Tierra, parecen sugerir que estos flujos de energía que entran y salen del sistema climático de la Tierra han estado cada vez más fuera del equilibrio en los últimos 10 años, con un aumento de la energía absorbida del orden de un vatio por metro cuadrado.

A pesar de que este vatio por metro cuadrado es una cantidad pequeña comparada con los flujos promedio de energía (que se estiman en alrededor 235 a 240 vatios por metro cuadrado) representa un efecto de calentamiento considerable.

El problema es que los océanos no han estado calentando en respuesta a este desequilibrio. Los autores del artículo parecen inclinarse por la posibilidad de que este calor esté "perdido" en alguna parte, quizá temporalmente atrapado en las profundidades del océano. Sin embargo, otros científicos han expresado su opinión de que el calor no puede no ser visto, como por arte de magia, por los sensores de temperatura del océano, tanto los que se encuentran en el espacio como los que están flotando en los océanos de todo el mundo, que vigilan la superficie del océano y las temperaturas de las capas superiores.

Los autores del artículo no destacan el hecho de que esta "falta" de energía probablemente no está en el infrarrojo, que es donde se origina el calentamiento global supuestamente hecho por el hombre, sino en la componente de energía solar reflejada. El componente de infrarrojos no presenta ninguna tendencia entre marzo de 2000 y diciembre de 2007 (según el balance de radiación de la Tierra que se deduce de loa datos del satélite CERES).

Esto sugiere una leve disminución en la cubierta de nubes de nivel medio o bajo, que dejaría entrar más luz solar a través de la atmósfera. El hecho de que esta energía extra no implique un aumento de la temperatura en el océano puede hacer sospechar de las propias medidas. Si hubiera algún problema con las mediciones del balance de la radiación terrestre no habría esta falta de energía.

En la figura podemos encontrar una estimación de la energía que entra en el sistema climático.


Los cambios observados muestran:

- en rojo fino los promedios de 12 meses de las anomalías de la temperatura global media de la superficie con respecto a 1901-2000 de la NOAA y por década (rojo grueso)) en ° C (escala inferior izquierda),

- las concentraciones de dióxido de carbono (verde) en ppmv de la NOAA,

- el nivel del mar global ajustado por rebote isostático de AVISO (azul, junto con la tendencia lineal de 3,2 mm / año) en relación a 1993.

En la siguiente figura se indica el flujo global neto de energía. Las tasas de variación de la energía global en vatios por metro cuadrado muestran un contraste entre la era del IPCC AR4 (1993-2003) y el período posterior a 2003. De 1992 a 2003, los cambios en el contenido de calor decenal del océano (azul), así como las contribuciones de los glaciares, de los casquetes polares, de Groenlandia, de la Antártida y del hielo del Ártico, además de pequeñas contribuciones de la tierra y del calentamiento de la atmósfera (rojo), sugieren una el calentamiento total del planeta de 0,6 ± 0,2 vatios por metro cuadrado.

A partir del año 2000, las observaciones de la energía entrante y saliente en la alta atmósfera (negro), tomando como referencia los valores de 2000, muestran una diferencia creciente (oro) en relación con el calentamiento total observado (rojo). La menor actividad solar reduce ligeramente el calentamiento neto (morado), pero se observa una gran falta de energía (anaranjado).

Esta energía perdida corresponde al período en que la superficie del planeta no se ha calentado conforme a lo que estaba previsto: si esta energía está almacenada en alguna parte, cuando aparezca el calentamiento recuperará el tiempo perdido. Pero si esta energía perdida no existe, habrá que preguntarse sobre la idoneidad de los actuales modelos o de la precisión de las medidas. Sólo el tiempo nos dirá si tal pérdida de energía existe y, si existe, cual es su importancia en las previsiones climáticas futuras.

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