miércoles, 23 de noviembre de 2011

La variación del clima europeo y el imperio romano


La arqueóloga Carole Crumley realizó un estudio muy interesante de la relación entre clima y cultura en el noroeste de Europa, en el que identificó los tres principales regímenes climáticos: oceánico, continental y mediterráneo. El conjunto de climas oceánico y continental se denomina clima templado, en contraposición al clima mediterráneo. Cada régimen produce diferentes patrones climáticos en Europa:

Verano:
Clima continental: cálido y húmedo, mayoría de la lluvia en verano
Clima oceánico: frío, húmedo
Clima mediterráneo: caliente, seco

Invierno:
Clima continental: fresco, seco
Clima oceánico: templado, húmedo → seco
Clima mediterráneo: templado, húmedo, mayoría de lluvia en invierno

Las fronteras entre estos tres climas no son constantes, y su desplazamiento de hacia delante y hacia atrás es causado principalmente por las posiciones cambiantes de la corriente de chorro. Estas fronteras reciben el nombre de ecotonos.

Los ecotonos representan una zona de transición entre sistemas ecológicos adyacentes y, por lo general, indican cambios súbitos. La posición del ecotono actual que separa los regímenes climáticos mediterráneo y continental en Europa pueden verse claramente en el extremo sur del Macizo Central de Francia, donde la vegetación cambia unos pocos metros, pasando de la flora mediterránea a la zona templada. En el corredor Ródano-Saona, el cambio en los tejados y en las prácticas culinarias produce la fuerte sensación de pasar del sur al centro de Europa.

La posición, la anchura y la permanencia del ecotono en las distintas épocas pueden estudiarse mediante la palinología (estudio del polen y de las esporas), la paleoetnobotánica (estudio de las interacciones antiguas entre el hombre y las especies vegetales) y otros estudios paleoclimatológicos. Crumley demostró que los ecotonos europeos pueden emigrar sobre distancias importantes. De hecho, en los dos últimos milenios, el ecotono que separaba los regímenes climáticos mediterráneo y continental emigró hacia el norte y hacia el sur desde 36ºN a lo largo de la costa septentrional de África hasta 48ºC a lo largo de las costas del Mar del Norte y del Mar Báltico en el noroeste de Europa: una distancia de casi 1.000 km, como se puede ver en la figura, sacada de la publicación de Crumley.


En la reconstrucción hecha por Crumley de la historia climática de Europa, desde 1200 hasta 500 a.C., ésta fue azotada por un largo período frío con inviernos particularmente severos. El ecotono que separaba el régimen climático continental del mediterráneo se localizaba muy hacia el sur, en el norte de África. Hubo un período de notable variabilidad climática cuando la región estuvo dominada alternativamente por los regímenes oceánico y continental. Como respuesta, la cultura celta desarrolló prácticas para maximizar la producción agrícola en condiciones alternadas oceánicas y continentales, y para minimizar el riesgo debido a la variabilidad climática.

Al llegar el año 300 a.C., el ecotono se había desplazado mucho hacia el norte, tal vez hasta el norte de la Borgoña, donde se mantuvo hasta cerca de 300 d.C., período conocido como el óptimo climático romano. Este cambio llevó un clima mediterráneo a la mayor parte de la Europa occidental, con veranos cálidos y secos e inviernos húmedos. El asentamiento y el uso de la tierra romana eran marcadamente distintos de los célticos, porque eran apropiados para un clima mediterráneo. El sistema agrícola romano exigía una producción extensiva de unas pocas cosechas, favorecía grandes poblaciones urbanas, y era apropiado para un régimen climático semiárido. En cambio, no tenía la versatilidad de una agricultura de espacios múltiples y el pastoralismo de los celtas, que era un sistema mucho más apropiado para períodos de clima incierto.

Aproximadamente a partir del año 300 y hasta cerca del año 500 d.C, el ecotono fue progresivamente retrayéndose hacia el sur. Entre 500 y 900 d.C., el ecotono se estabilizó muy hacia el sur, tan lejos, de hecho, que el Nilo se cubrió de nieve en el año 829. Otra vez se situó aproximadamente a lo largo de la costa del norte de África.

Durante el primer milenio a.C., pueblos celtas ocuparon la mitad septentrional de la extensión del ecotono mediterráneo-continental. Al sur de los celtas, a lo largo del litoral septentrional del Mediterráneo, vivían griegos, etruscos y romanos. Alrededor del siglo V a.C., durante un período en que el ecotono se localizaba hacia el sur, los celtas hicieron avanzar sus asentamientos en Italia y Grecia, llegando a poner cerco a Roma y a incendiar la ciudad en el año 391 a.C. Hacia el año 300 a.C., cuando el ecotono se desvió súbitamente hacia el norte, las cosas cambiaron de manera espectacular. Roma dominó las rutas marítimas que antes dominaban los griegos y convirtió en provincia la franja meridional de los estados célticos en Francia. Hacia finales del siglo I a.C., Roma había conquistado toda la región del Mediterráneo y de la Europa occidental, hasta el Rin, aproximadamente la localización norte del ecotono.

La extensión y la duración de la Pax Romana en Europa fueron grandemente facilitadas por unas condiciones climáticas que favorecieron la organización económica, social y política romana, en contraste con la celta. El tipo romano de asentamiento y uso de la tierra no sólo era marcadamente distinto de la de los celtas, sino que era especialmente apropiado para el clima mediterraneizado de Europa.

El uso que los romanos daban al espacio, su agricultura y horticultura, sus relaciones entre las clases, y sus formas de gobierno, asociado todo ello a los ecosistemas mediterráneos, se desplazaron hacia el norte junto con sus legiones, siguiendo el ecotono.

Cuando en el siglo V d.C. la retracción del ecotono se hizo palpable y el clima continental pasó a dominar la mayor parte de Europa, el imperio europeo de Roma decayó, sus legiones retrocedieron hacia el sur y las culturas del norte avanzaron hacia al sur. Los pictos y los escoceses traspasaron la muralla de Adriano en Britania a finales del siglo IV. Hacia principios del siglo V, los visigodos invadieron Roma y, hacia finales de este mismo siglo, en el año 476, un jefe germánico llamado Odoacro depuso al último emperador romano, el joven de 15 años Rómulo Augústulo.

Cabe hacer notar la estrecha asociación entre el avance del poder militar, político, económico y, sobre todo, agrícola de Roma y el avance de un régimen climático mediterraneizado por Europa Occidental. También cabe notar la retirada del poder romano junto con la retirada del clima mediterraneizado hacia el sur. Sin duda muchos factores desempeñaron un papel importante en el auge y la caída del imperio romano. El clima es, ciertamente, uno de estos factores.

Bibliografía

Regional Dynamics. Burgundian Landscapes in the Historical Perspective – Carole Crumley y William Marquandt
El largo verano – Brian Fagan



1 comentario:

  1. Podrias publicar una entrada con las variaciones climaticas asociadas a la "edad oscura" en la cultura de Micenas y los flujos migratorios de los "pueblos del mar" hacia el 1200 a. C.

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