miércoles, 29 de agosto de 2012

Clima y sequías en el Antiguo Egipto


El polen y el carbón vegetal conservados en sedimentos enterrados profundamente en el Delta del Nilo, documentan sequías e incendios antiguos en la región, incluyendo una gran sequía hace 4.200 años, asociada con la desaparición del Imperio Antiguo de Egipto, la época conocida como el tiempo de la edificación de las pirámides.

En un artículo publicado en 2011, titulado Nile Delta vegetation response to Holocene climate variability, los autores estudiaron la evolución del polen de los últimos 7.000 años de la laguna Burullus, situada en el Delta del Nilo, Egipto, para investigar los cambios que se produjeron en la vegetación terrestre en respuesta al flujo del Nilo Occidental.

El registro de polen de este estudio documenta cambios en la vegetación del delta que probablemente reflejen variaciones en el flujo del Nilo Occidental.

Los autores usaron el polen y carbón vegetal conservado en un testigo de sedimentos del delta del Nilo, an la laguna Burullus, que data desde hace 7.000 años hasta la actualidad para ayudar a resolver los mecanismos físicos subyacentes a los eventos críticos de la historia del antiguo Egipto.

Querían ver si los cambios en los conjuntos polínicos reflejarían las sequías en Egipto y en Oriente Medio recogidos en los registros arqueológicos e históricos. También examinaron la presencia y la cantidad de carbón debido a la frecuencia de incendios a menudo aumenta durante las épocas de sequía y los incendios se registran como carbón de leña en el registro geológico. Sospechaban que la proporción de polen de humedales se reduciría en tiempos de sequía y la cantidad de carbón aumentaría.

Los autores estudiaron el polen de los juncos (Cyperaceae), que es un marcador sensible de la precipitación en las cabeceras del Nilo y del flujo resultante del Nilo Occidental.

Se produjo una gran reducción en la proporción de polen de los humedales y aumentos de carbón microscópico en cuatro ocasiones distintas en el período comprendido entre 3.000 y 6.000 años antes de ahora. Uno de estos eventos fue una gran sequía, abrupta y global, hace unos 4.200 años (2.200 a.C.), una sequía que tuvo graves repercusiones sociales, incluyendo hambrunas, y que probablemente jugó un papel en la final del Imperio Antiguo de Egipto, y también afectó a otras culturas mediterráneas.


La respuesta de la vegetación duró mucho más tiempo en comparación con otros registros geológicos de esta sequía, posiblemente indicando un efecto sostenido en la vegetación del delta y de la cuenca del Nilo.

Del mismo modo, las variaciones del polen y del carbón vegetal registraron otras dos grandes sequías: una que ocurrió hace entre 5.000 a 5.500 años, y otra que se produjo hace unos 3.000 años.

También estas sequías están registradas en la historia de la humanidad: la primera comenzó hace unos 5.000 años (3.000 a.C.), cuando se produjo la unificación del Alto y el Bajo Egipto y se derrumbó el reino de Uruk (*). La segunda, hace unos 3.000 años (2.000 a.C.), se asocia con la caída del Reino de Ugarit, en Siria, a manos de los Pueblos del Mar y con hambrunas en Babilonia.


(*) Para situar el reino de Uruk

Al final de la Pequeña Edad del Hielo, que duró 400 años, del 6.200 al 5.800 a.C., aparecieron los primeros asentamientos conocidos al sur de Mesopotamia. Al principio eran diminutas aldeas, con cabañas hechas de adobe y carrizo, que desaparecían al ser abandonadas, junto con los restos de los sencillos sistemas de irrigación que habían construido en los alrededores.

Seis siglos más tarde, hacia 5.200 a.C., ya había pueblos de entre 2.500 y 4.000 personas, muchas de las cuales vivían del alimento producido por otros habitantes. Se construyeron canales de regadío, algunos de los cuales se extendían hasta 5 km, desde el río hasta el interior árido. El trabajo agrícola y el trabajo del mantenimiento de los canales necesitaban una organización suprafamiliar, lo que dio lugar a la aparición de los líderes de cada poblado.


Hacia 4.800 a.C., algunos de estos asentamientos ya tenían un tamaño importante. Entre ellos destacaba Uruk, junto al Éufrates, que mantenía contactos comerciales con pueblos que se hallaban lejos del delta. Otros asentamientos importantes fueron Eridu, Nippur y Ur.

Durante los siguientes mil años, la vida se mantuvo más o menos igual, con lluvias a intervalos regulares y con crecidas de los ríos adecuadas a los ciclos agrícolas. Entonces, alrededor de 3.800 a.C., el clima se tornó repentinamente más seco, una tendencia que afectó la región del sureste de Asia y el Mediterráneo oriental durante más de 1.000 años. La insolación, el índice de energía solar que llega a la superficie terrestre, disminuyó en todo el mundo, debido a las modificaciones del ángulo de la Tierra respecto al Sol. Casi de inmediato, el monzón sudoccidental, con sus lluvias estivales, se hizo más débil y se desplazó hacia el sur. Las lluvias de verano comenzaron más tarde y acabaron antes. Las inundaciones estivales eran mucho menores que las de otros tiempos, una consecuencia de las precipitaciones más escasas en las montañas de Anatolia.

Hacia 3.500 a.C. se intensificaron las sequías. Uruk había crecido mucho debido a la emigración de personas que vivían más lejos del río, y tenía poblados a su alrededor, cada una con su propio sistema de irrigación, que proporcionaban alimentos y otros bienes a los mercados de la ciudad. La defensa constituyó cada vez una preocupación mayor, porque todos necesitaban protección de pueblos vecinos que deseaban sus provisiones de agua.

Los trabajos de irrigación se debían realizar durante todo el año. Apareció una nueva clase de funcionarios asociados a los depósitos del templo con el fin de registrar el rendimiento de los cultivos y las existencias de granos. Cada vez, más gente dependía del Estado para conseguir alimento en forma de raciones que éste pagaba por los servicios prestados, tanto en la agricultura, como en el mantenimiento de los canales, como en la construcción de templos y murallas. Mucha de esta mano de obra provenía de aquellos que habían huido de sus aldeas por la falta de lluvias.

La crisis climática se agravó. Entre 3.200 y 3.000 a.C. hubo dos siglos de desecación y enfriamiento (quizá debidos a un cese o una disminución de la circulación atlántica), que crearon más desorden. Uruk había establecido colonias al norte de Mesopotamia y en la meseta de Anatolia. Al agravarse la sequía, muchas de estas colonias colapsaron, llevando cada vez más habitantes a Uruk y a los otros asentamientos importantes del sur.

Hacia 3.100 a.C. estas ciudades del sur se transformaron en la primera civilización del mundo, la civilización sumeria.

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