En el National Geographic de noviembre, una figura muy interesante ilustra la diferencia de temperaturas de las aguas que bordean las islas del Japón. La diferencia de temperaturas es espectacular.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Las corrientes marinas del Japón
En el National Geographic de noviembre, una figura muy interesante ilustra la diferencia de temperaturas de las aguas que bordean las islas del Japón. La diferencia de temperaturas es espectacular.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
El albedo
El albedo (del latín "blanco") del planeta es un importante mecanismo de retroalimentación, ya que una cantidad extra de hielo puede aumentar su enfriamiento o una reducción en la cantidad de hielo puede llevar al calentamiento. La cantidad de radiación entrante que es reflejada por la Tierra (albedo) tiene una influencia importante en la respuesta de la Tierra al cambio climático. El albedo de las diferentes superficies varía con la vegetación y la cubierta. El albedo promedio de la tierra normalmente se toma como 0,31. Los valores medios de las distintas superficies son los siguientes:
La figura 1 muestra el albedo promedio de la tierra en diferentes latitudes. La forma de la gráfica refleja el hecho de que los océanos y las regiones áridas tropicales tienen un bajo albedo, pero que las regiones polares, y las latitudes limítrofes, tienen una cubierta de nieve durante gran parte del año.
El albedo de la Tierra no es constante sino que varía con la estación del año. Como se puede observar en la Figura 2, durante el transcurso de un año el albedo de la Tierra tiene dos picos, el primero, más bajo, se corresponde con el momento en que el hielo marino de la Antártida se encuentra en su máximo y el segundo pico, más alto, corresponde a la época en que en latitudes más altas la mayor parte de la masa de tierra está cubierta de nieve.
La variación estacional en el albedo
La mayor diferencia en el albedo es entre las superficies cubiertas de nieve y superficies sin nieve. Las figuras 1 y 2 muestran la variación del albedo con la latitud y con el tiempo. La Figura 3 muestra la diferencia en el albedo a diferentes latitudes y en diferentes momentos del año. Aunque lo titulemos "estacional", esta diferencia es de hecho la máxima diferencia en el registro del albedo por satélite durante 4 años. No es posible ampliar el gráfico más allá de las latitudes ± 70º, ya que para una parte del año las regiones polares no son visibles para el satélite. La Figura 3 muestra claramente que la máxima diferencia en el albedo es de 0,3, y se produce en torno a 60 º N. Esta es la latitud de los bosques de la región boreal (norte), principalmente coníferas. También es la latitud en la que la insolación del mes de julio, como se supone por los ciclos de Milankovitch, se cree que determinar la secuencia de las glaciaciones y de los periodos cálidos.
La importancia del albedo
La importancia del albedo puede medirse al observar su efecto cuando los bosques del norte están cubiertos de nieve. Estos bosques cubren un 12% de la superficie total de tierra, que a su vez abarca el 29% de la superficie de la tierra. La diferencia en el albedo de entre los bosques cubiertos de nieve y sin nieve es de al menos 0,5. El producto de estos valores indica una diferencia en el albedo promedio de toda la tierra de 0,12 × 0,29 × 0,5 = 0,017. Si aumentara el albedo promedio del planeta de 0,31 a 0,327, entonces, con todos los demás parámetros en igualdad de condiciones, la temperatura del planeta aumentaría en 3,8 º C.
El albedo según la latitud
La figura 1 muestra el albedo promedio de la tierra en diferentes latitudes. La forma de la gráfica refleja el hecho de que los océanos y las regiones áridas tropicales tienen un bajo albedo, pero que las regiones polares, y las latitudes limítrofes, tienen una cubierta de nieve durante gran parte del año.
La variación del albedo con el tiempo
El albedo de la Tierra no es constante sino que varía con la estación del año. Como se puede observar en la Figura 2, durante el transcurso de un año el albedo de la Tierra tiene dos picos, el primero, más bajo, se corresponde con el momento en que el hielo marino de la Antártida se encuentra en su máximo y el segundo pico, más alto, corresponde a la época en que en latitudes más altas la mayor parte de la masa de tierra está cubierta de nieve.
La variación estacional en el albedo
La mayor diferencia en el albedo es entre las superficies cubiertas de nieve y superficies sin nieve. Las figuras 1 y 2 muestran la variación del albedo con la latitud y con el tiempo. La Figura 3 muestra la diferencia en el albedo a diferentes latitudes y en diferentes momentos del año. Aunque lo titulemos "estacional", esta diferencia es de hecho la máxima diferencia en el registro del albedo por satélite durante 4 años. No es posible ampliar el gráfico más allá de las latitudes ± 70º, ya que para una parte del año las regiones polares no son visibles para el satélite. La Figura 3 muestra claramente que la máxima diferencia en el albedo es de 0,3, y se produce en torno a 60 º N. Esta es la latitud de los bosques de la región boreal (norte), principalmente coníferas. También es la latitud en la que la insolación del mes de julio, como se supone por los ciclos de Milankovitch, se cree que determinar la secuencia de las glaciaciones y de los periodos cálidos.
La importancia del albedo
La importancia del albedo puede medirse al observar su efecto cuando los bosques del norte están cubiertos de nieve. Estos bosques cubren un 12% de la superficie total de tierra, que a su vez abarca el 29% de la superficie de la tierra. La diferencia en el albedo de entre los bosques cubiertos de nieve y sin nieve es de al menos 0,5. El producto de estos valores indica una diferencia en el albedo promedio de toda la tierra de 0,12 × 0,29 × 0,5 = 0,017. Si aumentara el albedo promedio del planeta de 0,31 a 0,327, entonces, con todos los demás parámetros en igualdad de condiciones, la temperatura del planeta aumentaría en 3,8 º C.
El Tea Party y el cambio climático
Como a mucha gente, lo del Tea Party me ha interesado. ¿Qué piensa esta gente? ¿Son tan carcas como nos dicen? El blog de Antón Uriarte habla del libro An Inconvenient Book - Real Solutions to the World's Biggest Problems, de un tal Glenn Beck, para entender un poco este fenómeno. El libro trata de 22 temas. El primero, del cambio climático.
De entrada, el señor Beck nos resume en seis puntos lo que piensa sobre el cambio climático:
1. Sí, creo que el globo se ha calentado un poco. Aproximadamente 0,74 º C (± 0,18 º C) en los últimos 100 años. ¡Un margen de error del 26%!
2. Sí, creo que la humanidad es responsable de una parte de este calentamiento, pero no estoy convencido al 100% de cuanto.
3. Creo que los cambios naturales están jugando también un papel en este calentamiento y que la única constante del clima es el cambio.
4. Creo que aún no entendemos del todo el funcionamiento del clima, y que debemos ser cuidadosos hasta que lo entendamos.
5. No creo que las supuestas soluciones, como el Protocolo de Kioto, sean una respuesta, por muchas razones.
6. Creo que la ciencia, los gobiernos y los medios de comunicación, deberían dejar de tapar la boca a las opiniones disidentes.
Un séptimo punto, medio en broma:
7. Ya que vivo en el Noreste, me gustaría tener un calentamiento global de unos 30 grados en invierno y un enfriamiento global de unos 10 grados en verano. Un poco de brisa global tampoco estaría mal. Evidentemente, se trata aquí de grados Farenheit y, conociendo el Noreste americano en invierno, no puedo más que darle la razón.
Diré que estoy prácticamente de acuerdo con lo que resume el señor Beck de su pensamiento sobre el cambio climático. Veamos ahora algo más de detalle de lo que dice.
Empezamos por el punto 4, donde dice que no entendemos del todo el funcionamiento del clima. Pone el ejemplo de un artículo publicado en 2007 por David Bromwich sobre el calentamiento de la Antártida. En este artículo, que por cierto no tuvo demasiado eco, se dice que "lo mejor que podemos decir ahora mismo es que los modelos climáticos no aciertan cuando observamos los datos de los últimos 50 años de la Antártida continental... Buscamos algún pequeño signo del impacto de la actividad humana, y es difícil encontrarlo por el momento". Es decir, el continente antártico no se calienta como debería hacerlo según los modelos. Si esto es así, tenemos que llegar a la conclusión de que los modelos no son lo suficientemente buenos. La respuesta oficial es que tenemos pocas observaciones del continente antártico (que tiene una superficie grande como los Estados Unidos y México, y sólo doscientas estaciones meteorológicas) y que, por tanto, las conclusiones del profesor Bromwich no tienen ninguna base.
Pero desde el año 1978 la temperatura de la baja atmósfera de todo el planeta se mide por satélite. A pesar de que las medidas por satélite son indirectos y, por tanto, menos precisas que las convencionales, presentan las mismas tendencias. En la entrada anterior me he entretenido en consultar las medidas por satélite de las zonas polares norte y sur, y se puede ver en las figuras de la misma que, en efecto, el continente antártico no parece que se caliente, contrariamente a lo que pasa en el polo norte. Aunque es verdad que las temperaturas medidas por satélite del continente antártico son muy irregulares, y que la recta de regresión tiene un coeficiente de correlación muy pequeño, no se puede decir es que la Antártida se esté calentando. De modo que el profesor Bromwich parece tener razón. Como consecuencia, podemos decir que, en efecto, es muy probable es que los modelos actuales sobre el clima no seann lo suficientemente buenos.
No cree el señor Beck en los ahorros individuales de emisiones de CO2, ya que son perfectamente insignificantes si tenemos en cuenta el aumento de las emisiones chinas. El aumento de las emisiones chinas de aquí a 2020 será muy importante, equivalente a las emisiones de 2.000 millones de “cuatro-cuatros” que hagan, cada uno, 20.000 Km. por año.
En cuanto al protocolo de Kioto, que pretende limitar las emisiones de CO2 de los países industrializados, está claro que no se cumplirá, ni en la Unión Europea de los 15, que fue la que más se comprometió. Y, aunque se cumpliera, sus efectos sobre el clima serían minúsculos, ya que los países no industrializados, como China o India, no tienen ninguna obligación en este tratado. Además, estos países no tienen ningún interés en gastar miles de millones para reducir sus emisiones, sólo para luchar contra un problema que tardará décadas en producirse, si es que se produce, y que se producirá mayormente fuera de sus fronteras.
La solución propuesta en el libro es muy sencilla: no hacer nada. Copio:
Me pone enfermo sentir la pregunta: ¿pero el gobierno no debería probar algo? No, respondo, debería probar algo inteligente. Cuando el gobierno prueba algo, sólo hace que crear nuevos problemas sin resolver los antiguos. La única solución es innovar y adaptarse.
Un ejemplo claro de innovación es que el coste de la energía eólica ha bajado un 60% desde 1990, y el de la energía fotoeléctrica es sólo un 2% del que tenía cuando se empezó a utilizar en los satélites. Estas tecnologías se adoptarán por todas partes cuando, y sólo cuando, su coste sea competitivo. Claro que el gobierno puede ayudar a esta innovación con reducción de impuestos y otros incentivos, pero no hay nada como la competitividad para resolver este problema.
Resumiendo: con respecto al cambio climático, si no fuera que no me gusta el té, yo sería también del Tea Party.
De entrada, el señor Beck nos resume en seis puntos lo que piensa sobre el cambio climático:
1. Sí, creo que el globo se ha calentado un poco. Aproximadamente 0,74 º C (± 0,18 º C) en los últimos 100 años. ¡Un margen de error del 26%!
2. Sí, creo que la humanidad es responsable de una parte de este calentamiento, pero no estoy convencido al 100% de cuanto.
3. Creo que los cambios naturales están jugando también un papel en este calentamiento y que la única constante del clima es el cambio.
4. Creo que aún no entendemos del todo el funcionamiento del clima, y que debemos ser cuidadosos hasta que lo entendamos.
5. No creo que las supuestas soluciones, como el Protocolo de Kioto, sean una respuesta, por muchas razones.
6. Creo que la ciencia, los gobiernos y los medios de comunicación, deberían dejar de tapar la boca a las opiniones disidentes.
Un séptimo punto, medio en broma:
7. Ya que vivo en el Noreste, me gustaría tener un calentamiento global de unos 30 grados en invierno y un enfriamiento global de unos 10 grados en verano. Un poco de brisa global tampoco estaría mal. Evidentemente, se trata aquí de grados Farenheit y, conociendo el Noreste americano en invierno, no puedo más que darle la razón.
Diré que estoy prácticamente de acuerdo con lo que resume el señor Beck de su pensamiento sobre el cambio climático. Veamos ahora algo más de detalle de lo que dice.
Empezamos por el punto 4, donde dice que no entendemos del todo el funcionamiento del clima. Pone el ejemplo de un artículo publicado en 2007 por David Bromwich sobre el calentamiento de la Antártida. En este artículo, que por cierto no tuvo demasiado eco, se dice que "lo mejor que podemos decir ahora mismo es que los modelos climáticos no aciertan cuando observamos los datos de los últimos 50 años de la Antártida continental... Buscamos algún pequeño signo del impacto de la actividad humana, y es difícil encontrarlo por el momento". Es decir, el continente antártico no se calienta como debería hacerlo según los modelos. Si esto es así, tenemos que llegar a la conclusión de que los modelos no son lo suficientemente buenos. La respuesta oficial es que tenemos pocas observaciones del continente antártico (que tiene una superficie grande como los Estados Unidos y México, y sólo doscientas estaciones meteorológicas) y que, por tanto, las conclusiones del profesor Bromwich no tienen ninguna base.
Pero desde el año 1978 la temperatura de la baja atmósfera de todo el planeta se mide por satélite. A pesar de que las medidas por satélite son indirectos y, por tanto, menos precisas que las convencionales, presentan las mismas tendencias. En la entrada anterior me he entretenido en consultar las medidas por satélite de las zonas polares norte y sur, y se puede ver en las figuras de la misma que, en efecto, el continente antártico no parece que se caliente, contrariamente a lo que pasa en el polo norte. Aunque es verdad que las temperaturas medidas por satélite del continente antártico son muy irregulares, y que la recta de regresión tiene un coeficiente de correlación muy pequeño, no se puede decir es que la Antártida se esté calentando. De modo que el profesor Bromwich parece tener razón. Como consecuencia, podemos decir que, en efecto, es muy probable es que los modelos actuales sobre el clima no seann lo suficientemente buenos.
No cree el señor Beck en los ahorros individuales de emisiones de CO2, ya que son perfectamente insignificantes si tenemos en cuenta el aumento de las emisiones chinas. El aumento de las emisiones chinas de aquí a 2020 será muy importante, equivalente a las emisiones de 2.000 millones de “cuatro-cuatros” que hagan, cada uno, 20.000 Km. por año.
En cuanto al protocolo de Kioto, que pretende limitar las emisiones de CO2 de los países industrializados, está claro que no se cumplirá, ni en la Unión Europea de los 15, que fue la que más se comprometió. Y, aunque se cumpliera, sus efectos sobre el clima serían minúsculos, ya que los países no industrializados, como China o India, no tienen ninguna obligación en este tratado. Además, estos países no tienen ningún interés en gastar miles de millones para reducir sus emisiones, sólo para luchar contra un problema que tardará décadas en producirse, si es que se produce, y que se producirá mayormente fuera de sus fronteras.
La solución propuesta en el libro es muy sencilla: no hacer nada. Copio:
Me pone enfermo sentir la pregunta: ¿pero el gobierno no debería probar algo? No, respondo, debería probar algo inteligente. Cuando el gobierno prueba algo, sólo hace que crear nuevos problemas sin resolver los antiguos. La única solución es innovar y adaptarse.
Un ejemplo claro de innovación es que el coste de la energía eólica ha bajado un 60% desde 1990, y el de la energía fotoeléctrica es sólo un 2% del que tenía cuando se empezó a utilizar en los satélites. Estas tecnologías se adoptarán por todas partes cuando, y sólo cuando, su coste sea competitivo. Claro que el gobierno puede ayudar a esta innovación con reducción de impuestos y otros incentivos, pero no hay nada como la competitividad para resolver este problema.
Resumiendo: con respecto al cambio climático, si no fuera que no me gusta el té, yo sería también del Tea Party.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
La extensión del hielo antártico sigue aumentando
La paradoja antártica continúa. La extensión de hielo marino en los meses de octubre aumenta en el hemisferio sur a un ritmo de unos 100.000 km2 por década, un 0,8 %. El año 2010 se presenta, al día de hoy, con una extensión de hielo superior a la media de los años 1979-2000 más dos desviaciones tipo.
Sin embargo, en el Ártico las cosas son totalmente diferentes. La extensión de hielo marino en los meses de octubre disminuye de manera muy notable, unos 550.000 km2 por década, un 6,2 %. El año 2010, al día de hoy, tiene una extensión media inferior a la media de los años 1979-2000 menos dos desviaciones tipo.
La situación ártica es fácilmente explicable considerando el calentamiento global. La situación antártica lo es menos. Hace poco hemos discutido una explicación debida a Liu Jiping y Judith A. Curry, explicitada en su documento Accelerated Warming of the Southern Ocean and Its Impacts on the Hydrological Cycle and Sea Ice, donde se explica el incremento de la superficie helada de la Antártida por un calentamiento de las aguas del océano Austral. Asociado con este calentamiento de las aguas del océano, se ha producido una mayor ciclo hidrológico atmosférico en el Océano Austral que se ha traducido en nevadas, que han producido un aumento del hielo marino antártico durante las últimas tres décadas. A su vez, el aumento del hielo ha aumentado el albedo de la zona, lo que ha reducido la cantidad de energía solar absorbida por la superficie del continente antártico. Por tanto, el aumento de la superficie helada antártica sería, según los autores del documento, este aumento de la temperatura de la superficie marina.
Sin embargo, si tomamos las medidas de temperatura de las zonas polares medidas por satélite, observamos que, desde 1978, en que estas medidas comenzaron, la temperatura en la zona polar norte ha aumentado a un ritmo medio de 0,47 ºC por década, mientras que en la zona polar sur ha disminuido a un ritmo de 0,07 ºC por década. La variabilidad de las temperaturas registradas en la Antártida es, en cambio, mucho mayor que la del Ártico, lo que hace que la tendencia sea mucho menos significativa. Pero lo que sí parece evidente es que la anomalía antártica se encuentra, no solamente en la extensión de los hielos marinos, sino también en la temperatura, que no se puede decir que haya aumentado en los últimos 30 años.
Sin embargo, en el Ártico las cosas son totalmente diferentes. La extensión de hielo marino en los meses de octubre disminuye de manera muy notable, unos 550.000 km2 por década, un 6,2 %. El año 2010, al día de hoy, tiene una extensión media inferior a la media de los años 1979-2000 menos dos desviaciones tipo.
La situación ártica es fácilmente explicable considerando el calentamiento global. La situación antártica lo es menos. Hace poco hemos discutido una explicación debida a Liu Jiping y Judith A. Curry, explicitada en su documento Accelerated Warming of the Southern Ocean and Its Impacts on the Hydrological Cycle and Sea Ice, donde se explica el incremento de la superficie helada de la Antártida por un calentamiento de las aguas del océano Austral. Asociado con este calentamiento de las aguas del océano, se ha producido una mayor ciclo hidrológico atmosférico en el Océano Austral que se ha traducido en nevadas, que han producido un aumento del hielo marino antártico durante las últimas tres décadas. A su vez, el aumento del hielo ha aumentado el albedo de la zona, lo que ha reducido la cantidad de energía solar absorbida por la superficie del continente antártico. Por tanto, el aumento de la superficie helada antártica sería, según los autores del documento, este aumento de la temperatura de la superficie marina.
Sin embargo, si tomamos las medidas de temperatura de las zonas polares medidas por satélite, observamos que, desde 1978, en que estas medidas comenzaron, la temperatura en la zona polar norte ha aumentado a un ritmo medio de 0,47 ºC por década, mientras que en la zona polar sur ha disminuido a un ritmo de 0,07 ºC por década. La variabilidad de las temperaturas registradas en la Antártida es, en cambio, mucho mayor que la del Ártico, lo que hace que la tendencia sea mucho menos significativa. Pero lo que sí parece evidente es que la anomalía antártica se encuentra, no solamente en la extensión de los hielos marinos, sino también en la temperatura, que no se puede decir que haya aumentado en los últimos 30 años.
martes, 9 de noviembre de 2010
Las temperaturas del tercer trimestre
El tercer trimestre del año abarca la mayor parte de los meses de verano en el hemisferio norte y de los de invierno en el hemisferio sur. Completamos los datos de temperatura del tercer trimestre con los de la NOAA, que tienen la ventaja de detallar por hemisferios y por tierra y océano.
Las temperaturas globales del tercer trimestre del año 2010 han sido las quintas más elevadas desde que hay registros, es decir, desde el año 1880. Los cinco años con el tercer trimestre más cálido globalmente han sido:
La temperatura media del tercer trimestre en el período 1901-2000 ha sido de 15,5 ºC. Como se observa en el gráfico, la línea de tendencia muestra una tendencia al estancamiento de las temperaturas del tercer trimestre desde el año 2002.
Las temperaturas de las zonas oceánicas del tercer trimestre del año 2010 han sido las décimas más altas desde 1880, con una temperatura media de 16,82 ºC. La tendencia de estas temperaturas es de estabilidad desde hace 8 o 10 años, si no tenemos en cuenta las temperaturas de los años 1987 y 1988, debidas a un fenómeno El Niño excepcional. La temperatura media del tercer trimestre del período 1901-2000 ha sido de 16,3 ºC. Los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido han sido:
En cuanto a la anomalía de temperatura referida al período 1901-2000 de cada hemisferio, la del tercer trimestre del año 2010 ha sido la segunda más alta (+ 0,72 ºC), mientras que la del hemisferio sur ha sido la onceava (+ 0,44 ºC). En el hemisferio norte la tendencia de los últimos 8 años presenta un ligero aumento, mientras que la tendencia en el hemisferio sur es de un ligero descenso.
Las secuencias de los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido en cada hemisferio son:
En el hemisferio norte, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,98 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,56 ºC.
En el hemisferio sur, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las onceavas más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,51 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,43 ºC.
Hay, pues, una diferencia significativa entre el calentamiento de ambos hemisferios, tanto en la superficie terrestre como en los océanos. Parece ser que, al menos en los últimos años, al hemisferio norte se calienta más rápidamente que el sur, como ya hemos visto en algunas ocasiones. No sé si hay una explicación a esta diferencia.
Las temperaturas globales del tercer trimestre del año 2010 han sido las quintas más elevadas desde que hay registros, es decir, desde el año 1880. Los cinco años con el tercer trimestre más cálido globalmente han sido:
2005 – 16,09 ºC
2009 – 16,07 ºC
1998 – 16,07 ºC
2006 – 16,05 ºC
2010 – 16,04 ºC
La temperatura media del tercer trimestre en el período 1901-2000 ha sido de 15,5 ºC. Como se observa en el gráfico, la línea de tendencia muestra una tendencia al estancamiento de las temperaturas del tercer trimestre desde el año 2002.
Las temperaturas globales de las zonas terrestres del tercer trimestre del año actual han sido las segundas más altas desde 1880. La tendencia de las temperaturas del tercer trimestre denota un crecimiento. La temperatura media del tercer trimestre del período 1901-2000 ha sido de 13,4 ºC. La secuencia de los cinco años más cálidos es:
1998 – 14,24 ºC
2010 – 14,22 ºC
2005 – 14,21 ºC
2006 – 14,14 ºC
2007 – 14,13 ºC
Las temperaturas de las zonas oceánicas del tercer trimestre del año 2010 han sido las décimas más altas desde 1880, con una temperatura media de 16,82 ºC. La tendencia de estas temperaturas es de estabilidad desde hace 8 o 10 años, si no tenemos en cuenta las temperaturas de los años 1987 y 1988, debidas a un fenómeno El Niño excepcional. La temperatura media del tercer trimestre del período 1901-2000 ha sido de 16,3 ºC. Los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido han sido:
2003 – 16,89 ºC
2005 – 16,88 ºC
2009 – 16,88 ºC
1998 – 16,86 ºC
1997 – 16,85 ºC
En cuanto a la anomalía de temperatura referida al período 1901-2000 de cada hemisferio, la del tercer trimestre del año 2010 ha sido la segunda más alta (+ 0,72 ºC), mientras que la del hemisferio sur ha sido la onceava (+ 0,44 ºC). En el hemisferio norte la tendencia de los últimos 8 años presenta un ligero aumento, mientras que la tendencia en el hemisferio sur es de un ligero descenso.
Las secuencias de los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido en cada hemisferio son:
Hemisferio norte
2005 = + 0,73 ºC
2010 = + 0,72 ºC
1998 = + 0,66 ºC
2003 = + 0,65 ºC
2006 = + 0,64 ºC
Hemisferio sur
1998 = + 0,58 ºC
2009 = + 0,58 ºC
1997 = + 0,56 ºC
2002 = + 0,52 ºC
2005 = + 0,51 ºC
En el hemisferio norte, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,98 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,56 ºC.
En el hemisferio sur, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las onceavas más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,51 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,43 ºC.
viernes, 5 de noviembre de 2010
El clima de finales del siglo XVI. La Armada Invencible y otros desastres
En toda Europa, los últimos 40 años del siglo XVI fueron más fríos y tormentosos que lo que era normal; en ese período, los viñedos las cosechas fueron tardías y los vientos mucho más fuertes que durante el siglo XII. El cambio climático se convirtió en un factor de peso en la variación del precio de los alimentos. Entre 1580 y 1600, la producción de vino decayó en Suiza, Ia baja Hungría y parte de Austria. Los vinos austriacos tenían un contenido de azúcar tan bajo y eran tan caros que gran parte de la población se volcó al consumo de cerveza. Los ingresos de la economía de los Habsburgo se vieron afectados por ese motivo. La práctica de matar ratones y topos por dine ro fue mucho menos frecuente después de 1560, recuperándose en el siglo XVII. El reverendo Daniel Schaller, pastor de Stendal, en los Alpes prusianos, escribe: "La luz del sol no es plena ni son estables el invierno o el verano; los productos de la tierra no maduran ni son tan saludables como en las viejas épocas. La productividad de todas las criaturas y del mundo en su conjunto está en pleno retroceso; los campos se han cansado dar frutos y se han empobrecido; como consecuencia, suben los precios y hay más hambre, algo que se refleja en las quejas y los lamentos de los granjeros de distintas villas y aldeas”.
Con el deterioro del clima, una combinación letal de desgracias cayó sobre gran parte de la población europea. Se arruinaron cosechas y murieron cabezas de ganado debido a la incidencia de enfermedades asociadas con las anomalías climáticas. Años consecutivos de hambre eran portadores de epidemias, y las protestas y el desorden social generaban temor y desconfianza. Se multiplicaron las acusaciones de brujería, porque la gente creía que había responsables por el mal tiempo a quienes había que castigar. La ortodoxia luterana declaró que el frío y la nevada que afectaron a Leipzig en 1562 eran una muestra de la ira de Dios ante el pecado de los hombres. En un primer momento, los clérigos levantaron la bandera contra las acusaciones de brujería, pero cuando los cambios climáticos afectaron a las cosechas, el alimento empezó a escasear y los animales enfermaron, sus convicciones se desmoronaron. Acusadas de brujería., 53 mujeres fueron condenadas a morir en la hoguera en la pequeña ciudad alemana de Wisensteig en 1563, en una época en que se debatía acaloradamente respecto a la autoridad de Dios sobre el clima..El pánico a las brujas tuvo sus brotes periódicos después de la década de 1560. Entre 1580 y 1620, sólo en Berna más de 1.000 personas fueron quemadas en la hoguera por brujería. En Inglaterra y Francia, las acusaciones contra supuestas brujas alcanzaron su número máximo en 1587 y 1588, dos años en los cuales el clima fue sumamente desfavorable. Casi siempre, esas persecuciones coincidían con los años más fríos de la Pequeña Edad de Hielo, cuando la gente exigía la erradicación de la brujería que, según se creía, era la responsable de las desgracias derivadas del mal tiempo. Cuando los científicos comenzaron a buscar explicaciones en la naturaleza, el tema de la brujería perdió terreno. Sólo Dios o la naturaleza eran responsables del clima, y Dios influía sobre éste como una forma de manifestar su ira contra los pecados del hombre. Hoy, nuestros pecados ecológicos han tomado el relevo a nuestras transgresiones espirituales en lo que atañe a las causas del cambio climático.
En la segunda mitad del siglo XVI, las tormentas se incrementaron en un 85 %, en especial durante los inviernos más fríos. La incidencia de fuertes tormentas aumentó hasta un 400 %. Del 11 al 22 de noviembre de 1570, un vendaval tremendo se fue trasladando lentamente de sudoeste a noreste por el mar del Norte a una velocidad de cerca de 5 nudos. La tormenta, que quedó grabada en la memoria de los pobladores durante muchísimos años como la "inundación de Todos los Santos”, coincidió con las mareas altas de luna llena. Mientras la tempestad iba hacia el noreste, las costas bajas se vieron desbordadas por el agua. El paso de un frente determinó que la dirección del viento cambiara al noroeste. Se generaron olas inmensas que derribaron diques y otras defensas costeras. En la isla de Walcheren, en los Países Bajos, los diques cedieron entre las 4 y las 5 de la tarde del21 de noviembre, cuando ya estaba anocheciendo. Por la noche gran parte de la ciudad de Rotterdam estaba bajo el agua. El mar tomó por asalto las ciudades de Ámsterdam y Dordrecht, entre otras, y al menos murieron 100.000 personas. En la zona de la desembocadura del río Ems, el mar subió cuatro metros y medio sobre el nivel normal.
Para desgracia de la Armada Invencible, el clima tormentoso continuó hasta la década de 1580. En agosto de 1588, la armada española debió soportar un “viento muy fuerte del sudoeste” en la costa oriental de Escocia: "Pasamos por borrascas, lluvia y niebla; las condiciones eran tan duras que resultaba imposible distinguir una nave de otra”. Ese mismo día, sir Francis Drake informó de una “tormenta muy fuerte para esta época del año” en la zona sur del mar del Norte. Un mes después, una importante depresión ciclónica avanzó al noreste desde la región de las Azores, quizás originada por un huracán tropical situado al otro lado del Atlántico. Los barcos que guiaban a la armada española en retirada se encontraron con la tormenta el 18 de setiembre en la bahía de Vizcaya. Tres días más tarde, el vendaval del oeste sopló con furia en el océano Atlántico, a la altura de Irlanda, donde los buques rezagados de la gran flota se encontraban cerca de la costa. "Se levantó una tormenta tan feroz y el mar estaba tan embravecido que no podíamos sostener las cuerdas y no nos servían las velas, así que fuimos empujados hacia la costa. En total, tres barcos fueron a parar a la playa, donde quedaron cubiertos de arena y atrapados entre las rocas”. La armada perdió más barcos en ese episodio de mal tiempo que en cualquier enfrentamiento con los ingleses.
Las bajas presiones que afectaron a la Armada Invencible
Los registros de las condiciones climáticas anotados en los cuadernos de bitácora de los capitanes españoles han sido analizados rigurosamente. Según estimaciones actuales, el máximo empuje alcanzado por el viento fue entre 40 y 60 nudos, es decir, una velocidad similar a la de un huracán.
La velocidad máxima de las corrientes de aire en días ventosos entre julio y septiembre de 1588 fue varias veces mayor que la máxima registrada en los mismos meses entre 1961 y 1970 y, probablemente, que la de un período mucho más amplio del siglo XX. La intensidad y la frecuencia inusual de los vientos y las tormentas coincidieron con un extenso gradiente térmico originado por una extensión importante hacia el sur del hielo polar al este de Groenlandia e Islandia y al sur del cabo Farewell. John Davis, el navegante inglés de la época isabelina, se propuso descubrir el casi mítico pasaje del noroeste, pero tanto en 1586 como en 1587 se topó con una capa de hielo que bloqueaba el mar que separa Islandia de Groenlandia. Es probable que un año más tarde la situación fuese la misma.
La última década del siglo XVI fue la más fría de todo ese siglo. Las malas cosechas obtenidas desde 1591hasta 1597 se iniciaron tres años después de la victoria triunfal de Inglaterra sobre la Armada Invencible. Un cronista observaba: “Todos se quejan de la escasez reinante”. En muchos condados ingleses se desataron protestas por la falta de alimento, en las que los pobres manifestaban su desacuerdo con el cercado de las tierras comunales para crear granjas más productivas y de mayor tamaño. Las ciudades padecieron más que el campo. En Barnstaple, Devon, un hombre llamado Philip Wyot escribió en 1596: “En todo el mes de mayo no ha habido ni un solo día ni una sola noche sin lluvia. [...] Llega poco cereal al mercado [así que] los agricultores no tienen dinero .Hay cereal, pero no lo traen al mercado, y lo poco que llega genera una desesperación y una ansiedad como jamás se había visto”. En ciudades como Penrith, en el noreste, la tasa de mortalidad a causa del hambre se multiplicó por cuatro.
Una de las mayores preocupaciones de los reyes ingleses de la dinastía Tudor, con sus más de tres millones de súbditos, era que faltara el cereal o que el pueblo pasase hambre. Durante el reinado de los Tudor, en Inglaterra existía una economía de subsistencia cuyos métodos y útiles de labranza casi no habían cambiado desde la Edad Media. El gobierno tenía motivos para preocuparse, pues el rendimiento de las cosechas era bastante pobre. En un suelo de gran calidad cabía esperar que a partir de dos fanegas de trigo se obtuvieran sólo entre ocho y diez en el momento de la cosecha. La producción era buena un 40 % de las veces, con secuencias de tres o cuatro años favorables seguidos de un ciclo de hasta cuatro malas cosechas, hasta que la mala situación se invertía. Por supuesto, el precio de los granos fluctuaba en consecuencia. La variación en el precio afectaba más a los pobres que a los ricos y provocaba desconfianza entre la población urbana, que iba en aumento respecto a la de los granjeros. Cuando la cosecha fallaba y el grano era escaso, crecía la sospecha de que los granjeros lo acaparaban. Los clérigos denunciaban a los acaparadores desde el púlpito con estas palabras del libro de los Proverbios: "El pueblo maldice a aquel que acapara el trigo”, pero sus palabras caían en saco roto. Inglaterra, como el resto de Europa, no disponía de una estructura adecuada para transportar el grano del campo a la ciudad o de una región a otra donde hubiera escasez. Incluso después de la última gran hambruna de 1623 sufrida en el sur de Inglaterra, el hambre siguió estando al acecho.
Del libro La Pequeña Edad del Hielo, de Brian Fagan.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
La evolución de la radiación solar
El ciclo 24 ya ha comenzado. Puede ser interesante ver la evolución de las manchas solares y de la radiación medida por satélite.
Las manchas solares, después del aumento registrado entre 1940 y 1960, fecha esta última en que alcanzaron su valor máximo en el ciclo 19, han ido disminuyendo progresivamente hasta el ciclo 23, que es el que ya ha terminado (con la notable excepción del ciclo 18, que fue poco activo). Observamos claramente, el la media móvil de 11 años, que entre 1880 y 1940 el número medio de manchas solares fue de menos de 50, promedio que aumentó hasta 70 – 90 desde 1950 hasta mediados de la década actual, lo que indica una mayor actividad solar y, por tanto, una mayor radiación solar, durante este período. Actualmente esta media móvil de 11 años es muy baja, de menos de 50, como entre 1880 y 1940.
En la tabla siguiente podemos ver el período, la duración y el número de manchas medias de cada ciclo, desde 1756 hasta hoy, y en la figura el número medio de manchas por ciclo.
La radiación medida por satélite, de la que sólo se tienen datos desde finales de 1978, muestra un final del ciclo 23 muy largo y de menor intensidad de radiación que los dos anteriores. Los mínimos de los interciclos 21/22 y 22/23 tuvieron una radiación de 1365,5 w/m2, mientras que el interciclo 23/24 tuvo una radiación mínima de 1365,2 w/m2. El promedio de radiación del ciclo 22 fue de 1366,0 w/m2, y la del ciclo 23 de 1365,8. Las mediciones por satélite del ciclo 21 no están completas, al faltar las de mayo de 1975 a octubre de 1978, por lo que no se puede establecer su promedio.
Las manchas solares, después del aumento registrado entre 1940 y 1960, fecha esta última en que alcanzaron su valor máximo en el ciclo 19, han ido disminuyendo progresivamente hasta el ciclo 23, que es el que ya ha terminado (con la notable excepción del ciclo 18, que fue poco activo). Observamos claramente, el la media móvil de 11 años, que entre 1880 y 1940 el número medio de manchas solares fue de menos de 50, promedio que aumentó hasta 70 – 90 desde 1950 hasta mediados de la década actual, lo que indica una mayor actividad solar y, por tanto, una mayor radiación solar, durante este período. Actualmente esta media móvil de 11 años es muy baja, de menos de 50, como entre 1880 y 1940.
En la tabla siguiente podemos ver el período, la duración y el número de manchas medias de cada ciclo, desde 1756 hasta hoy, y en la figura el número medio de manchas por ciclo.
La radiación medida por satélite, de la que sólo se tienen datos desde finales de 1978, muestra un final del ciclo 23 muy largo y de menor intensidad de radiación que los dos anteriores. Los mínimos de los interciclos 21/22 y 22/23 tuvieron una radiación de 1365,5 w/m2, mientras que el interciclo 23/24 tuvo una radiación mínima de 1365,2 w/m2. El promedio de radiación del ciclo 22 fue de 1366,0 w/m2, y la del ciclo 23 de 1365,8. Las mediciones por satélite del ciclo 21 no están completas, al faltar las de mayo de 1975 a octubre de 1978, por lo que no se puede establecer su promedio.
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