jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Estamos cerca del pico del carbón?

He quedado impactado al leer el artículo publicado la semana pasada en Nature, con el título de The end of cheap coal (El final del carbón barato). Nos pronostica la llegada inminente de un pico del carbón. Hasta ahora, todo el mundo decía que había carbón aún por muchos años, aunque, con el aumento del consumo, se había pasado de una previsión de dos o tres siglos a otra más modesta de 50 o 60 años. Consecuentemente, todas las previsiones sobre la energía han hecho basándose en unos precios bajos por el carbón durante décadas. Pero, parece que no será así.

Según el artículo citado, hay dos motivos por los que creer que el precio del carbón es probable que aumente fuertemente en los próximos años:

- En primer lugar, un conjunto de diferentes estudios sugieren que el carbón disponible y útil es menos abundante que lo supuesto hasta ahora. Es más: el pico de la producción de carbón puede producir dentro de unos pocos años.

- En segundo lugar, la demanda está creciendo muy deprisa, fuertemente empujada por China. La demanda de carbón creció modestamente en los años 1990 (0,45% anual), pero desde 2000 lo ha estado haciendo al 3,8% anual.

¿Cuando se producirá el pico del carbón? Creen los autores que es poco probable que el suministro energético mundial sea capaz de seguir la demanda prevista antes de 2020, por lo que afirman que, si no se limita rápidamente el consumo de energía, incluyendo la agricultura, el transporte y la producción industrial, esta limitación vendrá impuesta por los precios y la escasez de energía. El mundo deberá aceptar una ralentización del crecimiento económico.

Si los autores tienen razón, esto cambia radicalmente la visión que muchos hemos tenido hasta ahora del futuro del mix de la energía que usaremos los próximos veinte años, y hará que las energías renovables sean rentables más pronto.

Revisemos lo que se había publicado recientemente sobre este tema. De una parte, el informe "International Energy Outlook" de la Administración de Información Energética, dependiente del Gobierno de Estados Unidos, señalaba a mediados de 2008 que el porcentaje de consumo mundial de carbón pasará del 27% en 2005 al 29 % en 2030 del total de las fuentes de energía utilizadas. Afirman que hay varias razones de peso sostienen este paulatino ascenso: el creciente consumo mundial de energía, el inestable y caro mercado del petróleo y del gas natural, la seguridad que ofrece para los países que cuentan con reservas propias, el rechazo a la energía nuclear y unas reservas mundiales estimadas en 200 años por la ortodoxia energética.

Pero ya había quien dudaba de que todavía quedaran dos siglos de carbón. Dave Rutledge, experto de la División de Ciencias Aplicadas e Ingeniería del Instituto de Tecnología de California, sugería recientemente que la cifra de reservas sería mucho menor, ya que el total de mineral de carbón en el mundo, incluido el consumido en el pasado, llegaría a los 662 mil millones de toneladas. Por su parte, el Consejo de Energía Mundial (World Energy Council - WEC), una alianza de más de 90 países que ofrece datos de referencia sobre la producción energética, asegura que aún quedarían por extraer casi 850 mil millones de toneladas. La diferencia, como se ve, es muy importante.

Rutledge se basa, para hacer sus cálculos, por un lado, en los datos históricos de agotamiento de combustibles fósiles. Por ejemplo, la producción de carbón en Reino Unido terminó de forma precipitada en 1913, mucho antes de lo esperado. Por otra parte, asegura que los datos de las estimaciones oficiales están equivocados, además de infravalorar la dificultad y los costes de extraer este mineral. En este sentido, recuerda que China sólo ha ofrecido dos estimaciones al WEC, y ambas completamente diferentes. Además, estas previsiones se basan en métodos y datos que no han sido revisados desde principios de los años 70 del siglo XX. Por ejemplo, un informe de 2007 de la Comisión de Investigación del Carbón, Tecnología y Evaluaciones de los Recursos en Política de Energía, del Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos, con datos y métodos actualizados de reservas en áreas limitadas, indica que sólo una pequeña fracción de las reservas estimadas previamente son realmente extraíbles.

¿Quién tiene razón? Este artículo de la revista Nature servirá, muy probablemente, para alimentar la controversia. Tendremos que ir siguiendo con atención los nuevos estudios que se publiquen para ver si esto del pico de carbón para los próximos años es verdad o intoxicación.

Las corrientes marinas (5) - Océano Índico

Corrientes marinas en la superficie del océano Índico. Las corrientes marinas cálidas aparecen en color rojo y amarillo, el afloramiento de aguas profundas y frías en las costas occidentales de los continentes en color verde, y las corrientes frías en color morado o rosado.

El comportamiento de las aguas del océano Índico es más complejo que en otros océanos. Es el único que está limitado al norte por el continente asiático, a unos 20 º de latitud norte, por lo que sufre, dos veces por año, una inversión de los vientos: es el régimen de los monzones. Como este océano se sitúa en la región tropical, donde la fuerza de Coriolis es más débil, la circulación oceánica de superficie responde rápidamente al viento y se invierte también dos veces por año. En cambio, en las regiones situadas más al sur, esta influencia de los monzones es menor y se mantiene el vórtice (giro) clásico.

Por tanto, se puede dividir en dos partes: el sistema austral (al sur del paralelo 10º S) y el resto, llamado sistema monzónico.

El sistema austral (al sur de los 10º de latitud sur) se caracteriza por la distribución regularmente zonal de los vientos, de las temperaturas (del aire y del agua), de la salinidad y de las corrientes superficiales. Este sistema forma el vórtice o giro del Índico, con una circulación de rotación antihoraria. El sistema está compuesto por:

- la corriente Sur Ecuatorial del Índico, cálida, de dirección este – oeste, va desde Australia hasta Madagascar, donde rodea la isla, dando lugar a las corriente de Mozambique y de Madagascar Este, hacia el sur, y la corriente del Suroeste o de Somalia, hacia el norte.

- la corriente del Este de Madagascar fluye hacia el sur 20 º de latitud sur por el lado este de Madagascar hasta el límite sur de la isla y, posteriormente, alimenta la corriente de Agulhas. Su caudal medio es de 25 Sv.

- la corriente de Madagascar fluye hacia el norte a lo largo de la costa oeste de la isla de Madagascar. Es la única corriente que los marinos pueden aprovechar para el viaje desde África del Sur hacia la India.

- la corriente de Mozambique, cálida, de dirección sur, fluye a lo largo de la costa del África del Este por el canal de Mozambique, entre Mozambique y la isla de Madagascar. Está alimentada por la parte de la corriente Sur Ecuatorial que rodea Madagascar por el norte. Su caudal medio es de 5 Sv. Una vez se junta con la corriente del Este de Madagascar, forma la corriente Agulhas.

- la corriente Agulhas, cálida, se forma al sur del paralelo 30º S, y circula en dirección sudoeste. Es una de las corrientes oceánicas más fuertes, con una velocidad media de 1,6 m/s, con un trasiego de 65 millones de metros cúbicos por segundo (65 Sverdrups o Sv). En verano (de enero a marzo) alcanza un volumen máximo, con una velocidad de hasta 2,5 m/s. La contribución de la corriente de Mozambique es relativamente pequeña, ya que la mayor parte de la corriente Agulhas procede de la corriente sur ecuatorial que rodea Madagascar por el este. Cuando llega al meridiano del cabo de Buena Esperanza, se divide en dos ramas: una que continúa hacia el sur y otra que se dirige hacia el este. Esta última alimenta la corriente austral. Se estima en unos 15 Sv el caudal medio que la corriente Agulhas traspasa del Índico al Atlántico del Sur.

- la corriente Austral o corriente del Sur del Índico, fría, forma parte de la corriente Circumpolar Antártica o West Wind Drift, va de oeste a este y que llega hasta las costas australianas.

- la corriente de Australia Occidental es una corriente de superficie relativamente fría del sureste del Océano Índico, que forma parte del movimiento antihorario del vórtice sur de este océano. A medida que el sur la corriente del Sur del Índico se acerca a la costa oeste de Australia, gira hacia el norte hasta circular paralelamente a la costa donde toma el nombre de corriente de Australia Occidental. Esta corriente está muy afectada por los vientos, es débil durante el invierno y fuerte durante el verano, alcanzando velocidades de 20-35 cm/s. Esta corriente gira hacia el noroeste para formar la corriente Sur Ecuatorial del Índico y cerrar el bucle.


El sistema monzónico ocupa todo el resto del océano Índico. Su motor es la inversión estacional de los vientos del monzón. En verano (noviembre a febrero), el viento sopla del nordeste. En invierno (junio a agosto) el viento sopla del sudoeste.

La corriente Monzónica del Índico se refiere a la variación estacional del régimen de corrientes del océano en las regiones tropicales del norte del Océano Índico. Durante el invierno, el flujo de la capa superior del océano se dirige hacia el oeste desde cerca del archipiélago de Indonesia en el Mar Arábigo. Durante el verano, la dirección se invierte, con un flujo hacia el este que se extiende desde Somalia en el Golfo de Bengala. Estas variaciones se deben a cambios en la fuerza del viento asociadas a los monzones. Las corrientes de inversión de la temporada de alta mar que pasan al sur de la India se conocen como las Corrientes del Monzón de Invierno y las del Monzón de Verano (o bien como Corriente del Monzón del Noreste y Corriente del Monzón del Suroeste).

Estructura de la temporada de invierno

La corriente del Monzón de Invierno se extiende desde la Bahía de Bengala, cerca de la India y Sri Lanka, y por todo el Mar de Arabia en una latitud de aproximadamente 8 grados Norte. Las corrientes fluyen hacia el suroeste a lo largo de la costa de Somalia hasta el ecuador. La corriente del Monzón del Noreste sólo se dirige hacia el oeste durante los meses de enero a marzo. Su velocidad mayor es en febrero, cuando se llega a 50 cm/s. Las estimaciones del volumen de transporte de hacia el oeste están entre 7 y 14 Sv.

Estructura de la temporada de verano

La Corriente de Somalia, que fluye a lo largo del Cuerno de África desde el ecuador hasta una latitud de unos 9º N, también cambia de dirección con los vientos estacionales del monzón. Se separa de la costa, girando a la derecha al entrar en el Mar Arábigo. La corriente del Monzón de Verano, que se encuentra entre 10 y 15º de latitud norte en el Mar Arábigo, se dirige hacia la India y Sri Lanka, y entra en la Bahía de Bengala. El Remolino Grande es un giro situado a unos 10º N y 55º E, y sólo está presente durante la temporada de verano.

Durante el verano, cuando la corriente fluye hacia el noreste y se separa de la costa, adentrándose en el mar, transporta aguas más cálidas hacia el interior del mar Arábigo, lo que permite la surgencia de aguas más frías a lo largo de la costa. Este patrón de temperatura superficial del mar (aguas más frías al oeste de aguas más cálidas) refuerza la corriente hacia el norte. La corriente del Monzón del Suroeste fluye hacia el este de abril a noviembre, y alcanza una velocidad máxima de 30 cm/s durante los meses de verano. A mediados de setiembre, la corriente de Somalia transporta entre 32 y 42 Sv.


La contracorriente Ecuatorial del Índico (recordemos que hay también una contracorriente Ecuatorial en el Pacífico) fluye de oeste a este a unos 5 º de latitud norte. La contracorriente Ecuatorial del Índico es el resultado del balance entre los flujos de agua de las corrientes Sur Ecuatorial y las corrientes Monzónicas.

En este mapa de la revista National Geographic, publicado en agosto del 2002, se puede ver la temperatura del mar en las costas de África del Sur, el día 23 de mayo de 1997.


Al este observamos la corriente Agulhas, la equivalente africana de la corriente del Golfo, que desplaza las cálidas aguas del océano Índico desde las inmediaciones de Mozambique hacia el extremo sudoriental del continente, a velocidades de hasta ocho kilómetros por hora.

En la costa atlántica, desde la punta meridional del continente africano hasta la altura de Angola, el proceso oceánico predominante es el afloramiento (upwelling) de Benguela, que lleva agua fría y rica en nutrientes del fondo a la superficie.

Esta imagen de las temperaturas de la superficie marina muestra la corriente Agulhas como una lengua amarilla que lame el frente de la verde masa de frías aguas meridionales y proyecta remolinos calientes hacia el oeste, invadiendo el sistema de Benguela. Es esta interacción entre el calor y el frío, el este y el oeste, lo que hace única la costa sudafricana. Aunque en el mundo existen otros tres afloramientos importantes (frente a las costas de California, Perú y el Noroeste de África), tan sólo en Sudáfrica el frío y productivo afloramiento de la costa occidental recibe la influencia de una corriente cálida y rápida de la costa oriental.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las corrientes marinas del Japón


Hemos visto en la entrada que hemos dedicado a las corrientes del océano Pacífico que en el Japón confluían las corrientes Kuroshio y Oyashio, la primera cálida y la segunda, fría.

En el National Geographic de noviembre, una figura muy interesante ilustra la diferencia de temperaturas de las aguas que bordean las islas del Japón. La diferencia de temperaturas es espectacular.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El albedo

El albedo (del latín "blanco") del planeta es un importante mecanismo de retroalimentación, ya que una cantidad extra de hielo puede aumentar su enfriamiento o una reducción en la cantidad de hielo puede llevar al calentamiento. La cantidad de radiación entrante que es reflejada por la Tierra (albedo) tiene una influencia importante en la respuesta de la Tierra al cambio climático. El albedo de las diferentes superficies varía con la vegetación y la cubierta. El albedo promedio de la tierra normalmente se toma como 0,31. Los valores medios de las distintas superficies son los siguientes:


El albedo según la latitud

La figura 1 muestra el albedo promedio de la tierra en diferentes latitudes. La forma de la gráfica refleja el hecho de que los océanos y las regiones áridas tropicales tienen un bajo albedo, pero que las regiones polares, y las latitudes limítrofes, tienen una cubierta de nieve durante gran parte del año.

La variación del albedo con el tiempo

El albedo de la Tierra no es constante sino que varía con la estación del año. Como se puede observar en la Figura 2, durante el transcurso de un año el albedo de la Tierra tiene dos picos, el primero, más bajo, se corresponde con el momento en que el hielo marino de la Antártida se encuentra en su máximo y el segundo pico, más alto, corresponde a la época en que en latitudes más altas la mayor parte de la masa de tierra está cubierta de nieve.

 
La variación estacional en el albedo

La mayor diferencia en el albedo es entre las superficies cubiertas de nieve y superficies sin nieve. Las figuras 1 y 2 muestran la variación del albedo con la latitud y con el tiempo. La Figura 3 muestra la diferencia en el albedo a diferentes latitudes y en diferentes momentos del año. Aunque lo titulemos "estacional", esta diferencia es de hecho la máxima diferencia en el registro del albedo por satélite durante 4 años. No es posible ampliar el gráfico más allá de las latitudes ± 70º, ya que para una parte del año las regiones polares no son visibles para el satélite. La Figura 3 muestra claramente que la máxima diferencia en el albedo es de 0,3, y se produce en torno a 60 º N. Esta es la latitud de los bosques de la región boreal (norte), principalmente coníferas. También es la latitud en la que la insolación del mes de julio, como se supone por los ciclos de Milankovitch, se cree que determinar la secuencia de las glaciaciones y de los periodos cálidos.


La importancia del albedo

La importancia del albedo puede medirse al observar su efecto cuando los bosques del norte están cubiertos de nieve. Estos bosques cubren un 12% de la superficie total de tierra, que a su vez abarca el 29% de la superficie de la tierra. La diferencia en el albedo de entre los bosques cubiertos de nieve y sin nieve es de al menos 0,5. El producto de estos valores indica una diferencia en el albedo promedio de toda la tierra de 0,12 × 0,29 × 0,5 = 0,017. Si aumentara el albedo promedio del planeta de 0,31 a 0,327, entonces, con todos los demás parámetros en igualdad de condiciones, la temperatura del planeta aumentaría en 3,8 º C.

El Tea Party y el cambio climático

Como a mucha gente, lo del Tea Party me ha interesado. ¿Qué piensa esta gente? ¿Son tan carcas como nos dicen? El blog de Antón Uriarte habla del libro An Inconvenient Book - Real Solutions to the World's Biggest Problems, de un tal Glenn Beck, para entender un poco este fenómeno. El libro trata de 22 temas. El primero, del cambio climático.

De entrada, el señor Beck nos resume en seis puntos lo que piensa sobre el cambio climático:

1. Sí, creo que el globo se ha calentado un poco. Aproximadamente 0,74 º C (± 0,18 º C) en los últimos 100 años. ¡Un margen de error del 26%!

2. Sí, creo que la humanidad es responsable de una parte de este calentamiento, pero no estoy convencido al 100% de cuanto.

3. Creo que los cambios naturales están jugando también un papel en este calentamiento y que la única constante del clima es el cambio.

4. Creo que aún no entendemos del todo el funcionamiento del clima, y que debemos ser cuidadosos hasta que lo entendamos.

5. No creo que las supuestas soluciones, como el Protocolo de Kioto, sean una respuesta, por muchas razones.
6. Creo que la ciencia, los gobiernos y los medios de comunicación, deberían dejar de tapar la boca a las opiniones disidentes.

Un séptimo punto, medio en broma:

7. Ya que vivo en el Noreste, me gustaría tener un calentamiento global de unos 30 grados en invierno y un enfriamiento global de unos 10 grados en verano. Un poco de brisa global tampoco estaría mal. Evidentemente, se trata aquí de grados Farenheit y, conociendo el Noreste americano en invierno, no puedo más que darle la razón.

Diré que estoy prácticamente de acuerdo con lo que resume el señor Beck de su pensamiento sobre el cambio climático. Veamos ahora algo más de detalle de lo que dice.

Empezamos por el punto 4, donde dice que no entendemos del todo el funcionamiento del clima. Pone el ejemplo de un artículo publicado en 2007 por David Bromwich sobre el calentamiento de la Antártida. En este artículo, que por cierto no tuvo demasiado eco, se dice que "lo mejor que podemos decir ahora mismo es que los modelos climáticos no aciertan cuando observamos los datos de los últimos 50 años de la Antártida continental... Buscamos algún pequeño signo del impacto de la actividad humana, y es difícil encontrarlo por el momento". Es decir, el continente antártico no se calienta como debería hacerlo según los modelos. Si esto es así, tenemos que llegar a la conclusión de que los modelos no son lo suficientemente buenos. La respuesta oficial es que tenemos pocas observaciones del continente antártico (que tiene una superficie grande como los Estados Unidos y México, y sólo doscientas estaciones meteorológicas) y que, por tanto, las conclusiones del profesor Bromwich no tienen ninguna base.

Pero desde el año 1978 la temperatura de la baja atmósfera de todo el planeta se mide por satélite. A pesar de que las medidas por satélite son indirectos y, por tanto, menos precisas que las convencionales, presentan las mismas tendencias. En la entrada anterior me he entretenido en consultar las medidas por satélite de las zonas polares norte y sur, y se puede ver en las figuras de la misma que, en efecto, el continente antártico no parece que se caliente, contrariamente a lo que pasa en el polo norte. Aunque es verdad que las temperaturas medidas por satélite del continente antártico son muy irregulares, y que la recta de regresión tiene un coeficiente de correlación muy pequeño, no se puede decir es que la Antártida se esté calentando. De modo que el profesor Bromwich parece tener razón. Como consecuencia, podemos decir que, en efecto, es muy probable es que los modelos actuales sobre el clima no seann lo suficientemente buenos.

No cree el señor Beck en los ahorros individuales de emisiones de CO2, ya que son perfectamente insignificantes si tenemos en cuenta el aumento de las emisiones chinas. El aumento de las emisiones chinas de aquí a 2020 será muy importante, equivalente a las emisiones de 2.000 millones de “cuatro-cuatros” que hagan, cada uno, 20.000 Km. por año.

En cuanto al protocolo de Kioto, que pretende limitar las emisiones de CO2 de los países industrializados, está claro que no se cumplirá, ni en la Unión Europea de los 15, que fue la que más se comprometió. Y, aunque se cumpliera, sus efectos sobre el clima serían minúsculos, ya que los países no industrializados, como China o India, no tienen ninguna obligación en este tratado. Además, estos países no tienen ningún interés en gastar miles de millones para reducir sus emisiones, sólo para luchar contra un problema que tardará décadas en producirse, si es que se produce, y que se producirá mayormente fuera de sus fronteras.

La solución propuesta en el libro es muy sencilla: no hacer nada. Copio:

Me pone enfermo sentir la pregunta: ¿pero el gobierno no debería probar algo? No, respondo, debería probar algo inteligente. Cuando el gobierno prueba algo, sólo hace que crear nuevos problemas sin resolver los antiguos. La única solución es innovar y adaptarse.

Un ejemplo claro de innovación es que el coste de la energía eólica ha bajado un 60% desde 1990, y el de la energía fotoeléctrica es sólo un 2% del que tenía cuando se empezó a utilizar en los satélites. Estas tecnologías se adoptarán por todas partes cuando, y sólo cuando, su coste sea competitivo. Claro que el gobierno puede ayudar a esta innovación con reducción de impuestos y otros incentivos, pero no hay nada como la competitividad para resolver este problema.

Resumiendo: con respecto al cambio climático, si no fuera que no me gusta el té, yo sería también del Tea Party.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La extensión del hielo antártico sigue aumentando

La paradoja antártica continúa. La extensión de hielo marino en los meses de octubre aumenta en el hemisferio sur a un ritmo de unos 100.000 km2 por década, un 0,8 %. El año 2010 se presenta, al día de hoy, con una extensión de hielo superior a la media de los años 1979-2000 más dos desviaciones tipo.


Sin embargo, en el Ártico las cosas son totalmente diferentes. La extensión de hielo marino en los meses de octubre disminuye de manera muy notable, unos 550.000 km2 por década, un 6,2 %. El año 2010, al día de hoy, tiene una extensión media inferior a la media de los años 1979-2000 menos dos desviaciones tipo.


La situación ártica es fácilmente explicable considerando el calentamiento global. La situación antártica lo es menos. Hace poco hemos discutido una explicación debida a Liu Jiping y Judith A. Curry, explicitada en su documento Accelerated Warming of the Southern Ocean and Its Impacts on the Hydrological Cycle and Sea Ice, donde se explica el incremento de la superficie helada de la Antártida por un calentamiento de las aguas del océano Austral. Asociado con este calentamiento de las aguas del océano, se ha producido una mayor ciclo hidrológico atmosférico en el Océano Austral que se ha traducido en nevadas, que han producido un aumento del hielo marino antártico durante las últimas tres décadas. A su vez, el aumento del hielo ha aumentado el albedo de la zona, lo que ha reducido la cantidad de energía solar absorbida por la superficie del continente antártico. Por tanto, el aumento de la superficie helada antártica sería, según los autores del documento, este aumento de la temperatura de la superficie marina.

Sin embargo, si tomamos las medidas de temperatura de las zonas polares medidas por satélite, observamos que, desde 1978, en que estas medidas comenzaron, la temperatura en la zona polar norte ha aumentado a un ritmo medio de 0,47 ºC por década, mientras que en la zona polar sur ha disminuido a un ritmo de 0,07 ºC por década. La variabilidad de las temperaturas registradas en la Antártida es, en cambio, mucho mayor que la del Ártico, lo que hace que la tendencia sea mucho menos significativa. Pero lo que sí parece evidente es que la anomalía antártica se encuentra, no solamente en la extensión de los hielos marinos, sino también en la temperatura, que no se puede decir que haya aumentado en los últimos 30 años.



martes, 9 de noviembre de 2010

Las temperaturas del tercer trimestre

El tercer trimestre del año abarca la mayor parte de los meses de verano en el hemisferio norte y de los de invierno en el hemisferio sur. Completamos los datos de temperatura del tercer trimestre con los de la NOAA, que tienen la ventaja de detallar por hemisferios y por tierra y océano.

Las temperaturas globales del tercer trimestre del año 2010 han sido las quintas más elevadas desde que hay registros, es decir, desde el año 1880. Los cinco años con el tercer trimestre más cálido globalmente han sido:

2005 – 16,09 ºC
2009 – 16,07 ºC
1998 – 16,07 ºC
2006 – 16,05 ºC
2010 – 16,04 ºC

La temperatura media del tercer trimestre en el período 1901-2000 ha sido de 15,5 ºC. Como se observa en el gráfico, la línea de tendencia muestra una tendencia al estancamiento de las temperaturas del tercer trimestre desde el año 2002.


Las temperaturas globales de las zonas terrestres del tercer trimestre del año actual han sido las segundas más altas desde 1880. La tendencia de las temperaturas del tercer trimestre denota un crecimiento. La temperatura media del tercer trimestre del período 1901-2000 ha sido de 13,4 ºC. La secuencia de los cinco años más cálidos es:

1998 – 14,24 ºC
2010 – 14,22 ºC
2005 – 14,21 ºC
2006 – 14,14 ºC
2007 – 14,13 ºC


Las temperaturas de las zonas oceánicas del tercer trimestre del año 2010 han sido las décimas más altas desde 1880, con una temperatura media de 16,82 ºC. La tendencia de estas temperaturas es de estabilidad desde hace 8 o 10 años, si no tenemos en cuenta las temperaturas de los años 1987 y 1988, debidas a un fenómeno El Niño excepcional. La temperatura media del tercer trimestre del período 1901-2000 ha sido de 16,3 ºC. Los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido han sido:

2003 – 16,89 ºC
2005 – 16,88 ºC
2009 – 16,88 ºC
1998 – 16,86 ºC
1997 – 16,85 ºC


En cuanto a la anomalía de temperatura referida al período 1901-2000 de cada hemisferio, la del tercer trimestre del año 2010 ha sido la segunda más alta (+ 0,72 ºC), mientras que la del hemisferio sur ha sido la onceava (+ 0,44 ºC). En el hemisferio norte la tendencia de los últimos 8 años presenta un ligero aumento, mientras que la tendencia en el hemisferio sur es de un ligero descenso.

Las secuencias de los cinco años cuyo tercer trimestre ha sido más cálido en cada hemisferio son:

Hemisferio norte
2005 = + 0,73 ºC
2010 = + 0,72 ºC
1998 = + 0,66 ºC
2003 = + 0,65 ºC
2006 = + 0,64 ºC

Hemisferio sur
1998 = + 0,58 ºC
2009 = + 0,58 ºC
1997 = + 0,56 ºC
2002 = + 0,52 ºC
2005 = + 0,51 ºC



En el hemisferio norte, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,98 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,56 ºC.



En el hemisferio sur, las temperaturas terrestres del tercer trimestre del año 2010 han sido las onceavas más elevadas desde el año 1880, con una anomalía de + 0,51 ºC respecto del período 1901-2000, mientras que las de los océanos han sido las sextas más cálidas, con una anomalía de + 0,43 ºC.



Hay, pues, una diferencia significativa entre el calentamiento de ambos hemisferios, tanto en la superficie terrestre como en los océanos. Parece ser que, al menos en los últimos años, al hemisferio norte se calienta más rápidamente que el sur, como ya hemos visto en algunas ocasiones. No sé si hay una explicación a esta diferencia.