lunes, 23 de marzo de 2020

Aumento del nivel del mar

El nivel del mar sigue aumentando, según los datos obtenidos por los altímetros de los satélites TOPEX/Poseidón, Jason-1, Jason-2 y Jason-3.

Desde enero del año 1993 hasta diciembre del año 2019, el nivel global del mar ha subido casi 10 cm, con una media de 3,5 mm/año.


http://www.cmar.csiro.au/sealevel/sl_hist_last_decades.html

sábado, 21 de marzo de 2020

Extensión del hielo marino polar

El 4 de marzo, el hielo marino ártico alcanzó su extensión máxima de invierno, con un área de 15,16 millones de km2. Esta superficie máxima de hielo marino es mayor que en años anteriores, aunque la tendencia general desde que las mediciones se hacen por satélite es de una disminución anual de 42.300 km2.




En cuanto al hielo marino antártico, el 18 de febrero Su extensión alcanzó su mínimo de verano, con una superficie de 2,66 millones de km2, más que en los últimos años. La tendencia no es significativa, lo que quiere de ir que, desde que esta extensión se mide por satélite, su mínimo no ha aumentado ni disminuido.



martes, 21 de enero de 2020

Las temperaturas globales del año 2019

Las temperaturas globales del año 2019 comienzan a publicarse, lo que nos permite ver que el año pasado ha sido uno de los años más calurosos desde que cuentan con medidas relativamente fiables.

Si tomamos los datos de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), que toma como base el promedio del siglo pasado, podemos ver que la temperatura global del año 2019 ha sido 0.95 ºC más alta que esa media. Es el segundo año más cálido desde que se toman datos, sólo superado según el año 2016. La tendencia desde el año 1980 es un aumento de 0,17 ºC por década.


Si nos fijamos en los datos hadCRUT (Unidad de Investigación Climática-Universidad de East Anglia), que toma como base el promedio de los años 1961 – 1990, encontramos que la temperatura global del año 2019 ha sido de 0,74 ºC más alto que ese promedio. Es el tercer año más cálido de la serie histórica, sólo superado por los años 2015 y 2016. La tendencia desde el año 1980 es un aumento de 0,17 ºC por década.


Tanto la NOAA como el hadCRUT dan la temperatura tomada en superficie. Hay dos series que dan temperaturas tomadas por satélite: UAH y RSS.

Tomando los datos de la Universidad de Alabama en Huntington (UAH), que toma como base el promedio de los años 1981 – 2010, el año 2019 ha sido el segundo con una temperatura global más alta, después del año 2016. La tendencia desde el año 1980 es un aumento de 0,13 ºC por década.


RSS (Remote Sensing Systems) también dice que en el año 2019 ha sido el segundo año más cálido de la serie, con una temperatura 0,73 ºC superior a la media de la base (1979 – 1998), sólo superada por la del año 2016. La tendencia desde el año 1980 es un aumento de 0,20 ºC por década.


En resumen, el calentamiento global sigue siendo imparable.

lunes, 8 de julio de 2019

Parón de las centrales eléctricas de carbón

Las centrales eléctricas de carbón están ralentizando su producción, y algunas están paradas. Una de las principales causas de esta situación es la fuerte subida que están experimentando los precios de los derechos de emisión de CO2 a la atmósfera, es decir, lo que pagan las centrales eléctricas de gas y carbón para poder emitir CO2. Pero, ¿cómo funcionan estos derechos de emisión en Europa y por qué están subiendo?

Las emisiones de carbono de las centrales eléctricas e industriales están limitadas y gestionadas por el régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea (UE), que opera en los 28 países comunitarios y en Islandia, Liechtenstein y Noruega. En total, engloba 11.000 instalaciones de gran consumo de energía (además de compañías aéreas) y cubre alrededor del 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE.

El sistema establece un límite máximo a la cantidad total de determinados gases de efecto invernadero que pueden emitir las instalaciones contempladas en el régimen. En base al límite establecido, las empresas afectadas reciben (si emiten menos CO2 del que tienen asignado) o compran (si emiten más CO2 del que tienen asignado) derechos de emisión, con los que pueden comerciar en función de sus necesidades. Al final de cada año, las empresas deben entregar suficientes derechos para cubrir todas sus emisiones ya que, en caso contrario, se les imponen fuertes sanciones.

Este régimen arrancó hace una década, con el objetivo de ir reduciendo el límite de emisiones permitidas para que su coste se fuera elevando, y de esta forma, fomentar la inversión en energías limpias. Hasta ahora, el mecanismo no ha funcionado, pues el precio por contaminar estaba muy bajo. En efecto, en el año 2008 su precio fue, en promedio, en 22 € por tonelada de CO2 emitida, un precio que se consideró adecuado para fomentar la inversión en energías limpias. Del año 2009 al 2011, el precio medio bajó a los 13 €/tonelada, y del 2012 al 2017 se mantuvo en 6 €/tonelada. Con este precio, las empresas eléctricas preferían pagar a invertir en energías menos contaminantes.

Sin embargo, a partir de 2018 la situación empieza a dar un giro, entre otras cosas debido a la reducción de los derechos de emisiones, en el marco de los compromisos globales y europeos en la lucha contra el cambio climático. En 2018, el precio medio fue de 16 €/tonelada y, en lo que va del año 2019, ha subido hasta los 25 €/tonelada en el mes de junio. Los especialistas estiman que este precio puede llegar a los 35 o 40 euros por tonelada de CO2 emitida a la atmósfera a finales del año 2020. Con este precio, las actuales centrales térmicas de carbón serían, muy probablemente, inviables económicamente.


Este incremento del coste de las emisiones de CO2 tendrá como consecuencia la transición del carbón al gas (que emite menos CO2 por kWh producido) en Alemania, Italia, Países Bajos y España, que son las naciones de la Europa Occidental con más centrales térmicas de carbón, y fomentará una mayor apuesta por las renovables.

Se cumplirá el objetivo de disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero será a cambio del cierre de muchas instalaciones actuales y, como consecuencia, de la ruina de las comarcas donde se ubican estas instalaciones. Nunca se obtiene nada a cambio de nada.

jueves, 13 de junio de 2019

¿El fin de la civilización?

Se ha publicado hace unas semanas, a petición del senado australiano, el estudio “Existential climate-related security risk:  A scenario approach”. Dentro de este estudio, se incluye un escenario de lo que probablemente sucederá hasta el año 2050, es decir, en los próximos 30 años.

2020–2030: los legisladores y los responsables políticos no actúan ante la evidencia de que lo que afirma el Acuerdo de París, que dice que las emisiones de efecto invernadero causadas por el hombre a nivel mundial no alcanzarán su punto máximo hasta 2030, nos conducirá al menos a un calentamiento de 3 °C. La puesta en marcha de una movilización global de emergencia de mano de obra y recursos pro-clima y para construir una economía de cero emisiones y acelerar una reducción de carbono para tener una posibilidad realista de mantener el calentamiento muy por debajo de 2 °C se ignora cortésmente. En 2030 los niveles de dióxido de carbono habrán alcanzado 437 partes por millón, lo que no tiene precedentes en los últimos 20 millones de años, y el calentamiento alcanzará los 1.6 °C.

2030–2050: las emisiones alcanzan su punto máximo en 2030 y comienzan a disminuir de manera consistente con una reducción del 80 % en la intensidad de energía de combustibles fósiles para 2100 en comparación con la intensidad de energía de 2010. Esto lleva a un calentamiento de 2.4 °C para 2050, en consonancia con el escenario "de referencia". Sin embargo, se producen otros 0,6 °C de calentamiento, lo que lleva el total a 3 °C en 2050, debido a la activación de una serie de retroalimentaciones del ciclo del carbono y niveles más altos de albedo de hielo y retroalimentación de nubes que lo que suponen los modelos actuales. [Cabe señalar que esto está lejos de ser un escenario extremo: el calentamiento de baja probabilidad y alto impacto (5 % de probabilidad) puede superar los 3.5 o 4 °C para 2050]

2050: Para 2050, existe una amplia aceptación científica de que los puntos de inflexión del sistema de la capa de hielo de la Antártida Occidental y un verano ártico libre de hielo marino sucederán mucho antes del calentamiento de 1.5 °C, para la capa de hielo de Groenlandia mucho antes de los 2 °C, y para la pérdida generalizada de permafrost y la sequía y muerte a gran escala del Amazonas a los 2,5 °C de calentamiento. Se habrá alcanzado el escenario del "planeta invernadero", y la Tierra se estará encaminando hacia otro grado o algo más de calentamiento, especialmente porque las emisiones humanas de gases de efecto invernadero aún serán importantes en el año 2050.

Si bien los niveles del mar habrán aumentado 0,5 metros para 2050, el aumento puede ser de 2 a 3 metros para 2100, y se puede suponer, por análogos históricos, que los mares pueden finalmente subir más de 25 metros.

El 35 % de la superficie terrestre global, y el 55 % de la población mundial, estarán sujetos a más de 20 días al año de condiciones de calor letal, más allá del umbral de la supervivencia humana.

La desestabilización de la corriente de chorro (Jet Stream) habrá afectado significativamente la intensidad y la distribución geográfica de los monzones de Asia y África occidental y, junto con la mayor desaceleración de la Corriente del Golfo, afectará a los sistemas de soporte de vida en Europa. América del Norte sufrirá extremos climáticos devastadores, incluidos incendios forestales, olas de calor, sequías e inundaciones. Los monzones de verano en China ya no se producirán, y el flujo de agua a los grandes ríos de Asia se verá severamente reducido por la pérdida de más de un tercio de la capa de hielo del Himalaya. La pérdida glacial alcanza el 70 % en los Andes, y las precipitaciones en México y América Central se reducen a la mitad. Las condiciones climáticas de El Niño se harán semipermanentes.

La aridificación llagará a más del 30 % de la superficie terrestre del mundo. La desertificación será severa en el sur de África, el sur del Mediterráneo, el oeste de Asia, el Medio Oriente, el interior de Australia y el suroeste de los Estados Unidos.

Los impactos sobre la población serán:

Varios ecosistemas colapsarán, entre ellos los sistemas de arrecifes de coral, la selva amazónica y el Ártico. Algunas naciones y regiones más pobres, que carecen de la capacidad de proporcionar ambientes enfriados artificialmente para sus poblaciones, se volverán inviables.

Las condiciones de calor mortal persistirán durante más de 100 días al año en África occidental, Sudamérica tropical, Oriente Medio y Asia sudoriental, lo que contribuirá a que más de 1000 millones de personas deberán desplazarse de la zona tropical. La disponibilidad de agua disminuirá considerablemente en las regiones más afectadas en latitudes más bajas (trópicos secos y subtrópicos), afectando a cerca de 2000 millones de personas en todo el mundo. La agricultura se volverá inviable en los subtrópicos secos.

La mayoría de las regiones del mundo verán una caída significativa en la producción de alimentos y un número creciente de fenómenos meteorológicos extremos, incluidas olas de calor, inundaciones y tormentas. La producción de alimentos será insuficiente para alimentar a la población mundial y los precios de los alimentos se dispararán, como consecuencia de una disminución de un quinto en los rendimientos de los cultivos, una disminución en el contenido nutricional de los cultivos de alimentos, una disminución catastrófica en las poblaciones de insectos, desertificación, falta de monzones, escasez crónica de agua y temperaturas demasiado altas para poder ser habitadas en importantes regiones productoras de alimentos.

Los tramos más bajos de los deltas de los ríos de importancia agrícola como el Mekong, el Ganges y el Nilo estarán inundados, y sectores importantes de algunas de las ciudades más pobladas del mundo, como Chennai, Mumbai, Yakarta, Guangzhou, Tianjin, Hong Kong, Ho Chi Minh Ciudad, Shanghái, Lagos, Bangkok y Manila, estarán abandonadas. Algunas islas pequeñas se habrán vuelto inhabitables. El 10% de Bangladesh estará inundado, desplazando a 15 millones de personas.

Incluso con un calentamiento de solo 2 °C es posible que más de 1000 millones de personas deban ser reubicadas y, en los peores escenarios, la escala de destrucción está más allá de nuestra capacidad de modelizarla, pero hay una alta probabilidad de que la civilización humana llegue a su fin.

miércoles, 3 de abril de 2019

Las emisiones de CO2 del año 2018

Según la Agencia Internacional de la Energía, las emisiones de CO2 a la atmósfera relacionadas con la producción de energía del año 2018 han sido de 33.200 millones de toneladas, la emisión más alta de la historia.


El aumento tan importante de estas emisiones ha sido debido al aumento de la utilización de combustibles fósiles. Desde el 2013 al 2016, a pesar del aumento del consumo de energía, las emisiones casi no habían aumentado. Esta disociación entre el aumento de la producción de energía y el de las emisiones de CO2 fue principalmente el resultado de importantes mejoras en eficiencia energética y de desarrollo de tecnologías bajas en carbono, lo que provocó una disminución de la demanda de carbón. Pero la dinámica cambió en 2017 y en 2018. No se logró el crecimiento económico por una productividad energética más elevada, sino que las opciones más bajas en carbono no se incrementaron suficientemente rápido para satisfacer el aumento de la demanda.


Por otra parte, la concentración de CO2 en la atmósfera ha pasado de 407 a 409 partes por millón (ppm). Teniendo en cuenta que venimos de una concentración de 316 ppm en 1958, el aumento es muy importante, y ya empieza a tener consecuencias observables.


Es decir, queda claro que, por ahora, las amenazas del calentamiento global debido al aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera no parecen tener ninguna importancia práctica sobre la forma en que el mundo se está desarrollando. 

domingo, 31 de marzo de 2019

La extensión del hielo marino ártico y antártico

Según los datos de la Universidad de Bremen, la extensión del hielo marino ártico ha alcanzado su máximo el pasado 12 de marzo, con un valor de 14,695 millones de km2.


Por lo que respecta al hielo marino de la Antártida, el mínimo se alcanzó el pasado 23 de febrero, con un valor de 2,547 millones de km2.


Esta extensión del hielo marino se define como el área de la superficie marina con, al menos, un 15 % de concentración de hielo.

En el Ártico, la extensión máxima anual de este invierno se ha situado en la línea de los últimos años. La tendencia, desde el año 1972, es de una pérdida anual de 35.200 km2 de hielo marino.


En el Antártico, la extensión mínima anual sigue sin tener una tendencia significativa.


Tanto en el Ártico como en el Antártico, los valores actuales son inferiores a los del promedio de los años 2010 a 2018.