En cuanto al
hielo marino antártico, su máximo anual se alcanzó el pasado 30 de setiembre,
con una extensión de 18,92 millones de km2, significativamente
superior a la del año anterior. Desde el año 1979, la tendencia anual es de un
aumento de la superficie máxima de 14.500 km2.
jueves, 11 de octubre de 2018
La extensión del hielo marino ártico y antártico
Según los datos de la
Universidad de Colorado, el pasado 21 de setiembre la extensión del hielo
marino ártico llegó a su mínimo anual, que fue de 4,56 millones de km2,
ligeramente inferior a la del año anterior. La tendencia desde que se tienen
medidas por satélite es de una disminución anual de 82.100 km2/año,
aunque desde el año 2007 hasta hoy, esta extensión mínima se ha estabilizado alrededor
de 4,47 millones de km2.
miércoles, 8 de agosto de 2018
Emisiones de CO2 del año 2017
Según
los datos publicados por BP, las emisiones de CO2 a la atmósfera del
año 2017, procedentes de las actividades relacionadas con la combustión de
carbón, gas y petróleo, han sido de 33.444 millones de toneladas, lo que
representa un aumento del 1,3 % respecto del año anterior.
El
principal emisor es la China, que ha lanzado a la atmósfera 9.233 millones de
toneladas, un 27,6 % del total, con un aumento del 1,3 % respecto del 2016. El
segundo emisor son los Estados Unidos, con 5.088 millones de toneladas y una
disminución del 0,8 % respecto del año anterior.
En
toneladas por habitante, los Estados Unidos han emitido 15,6 toneladas,
mientras que China ha emitido 6,7.
En
cuanto a España, las emisiones de 2017 han sido de 302 millones de toneladas,
con un aumento del 6,6 % respecto del año 2016. Por habitante, las emisiones de
España han sido de 6,5 toneladas.
En
resumen, las emisiones siguen aumentando. La amenaza de un cambio climático que
haga complicada la vida de la humanidad tal como la conocemos no hace mella en
las decisiones políticas y económicas del mundo actual.
Etiquetas:
concentración y emisiones de CO2
sábado, 16 de junio de 2018
Dos artículos sobre el hielo de la Antártida
Se acaban de publicar dos artículos
interesantes sobre la Antártida. Uno sobre el retroceso y el posterior avance
de la placa de hielo de la Antártida Occidental durante el Holoceno, y el
segundo sobre el balance de la cobertura de hielo antártico entre los años 1992
y 2017.
A medida que el clima se calentaba después del último máximo glacial, el nivel del mar subía. El ascenso del nivel del mar iba levantando la plataforma de hielo, como un barco varado en una playa cuando llega la marea. El levantamiento causó que la línea de tierra (que es donde el borde de la capa de hielo deja de tocar el fondo marino y se convierte en una plataforma de hielo flotante) retrocediera, hasta situarse unos 200 kilómetros más al interior de su ubicación actual.
El segundo artículo se titula
“Mass balance of the Antarctic Ice Sheet
from 1992 to 2017”, en el que se presenta un nuevo cálculo sobre la
evolución del hielo de la Antártida. Los resultados indican que la Antártida ha
perdido casi tres billones de toneladas de hielo desde 1992, lo que ha
provocado un aumento del nivel medio de los mares de 8 milímetros. Lo más
preocupante, señalan los investigadores, no es tanto la cantidad de hielo perdida
como la tendencia a perderlo cada vez más rápido. Un 40% de todo este hielo ha
desaparecido en los últimos cinco años, lo que indica que el deshielo de la
Antártida se está acelerando.
El primer artículo se titula Extensive retreat and re-advance of the West
Antarctic Ice Sheet during the Holocene. Se pensaba que las capas de hielo
cerca de los polos terrestres se habían ido reduciendo continuamente durante
los últimos 20,000 años. Desde el pico del último período glacial hace unos
20,000 años, el planeta se ha estado calentando, los mares subiendo, y las
capas de hielo generalmente se reducen. En este artículo se afirma que la Capa
de Hielo de la Antártida Occidental se encogió más de lo que nadie sospechaba.
Hace unos 10.000 años, su límite se situaba 200 kilómetros más hacia el
interior que su ubicación actual, pero luego se recuperó.
Nuevos datos indican que el
retroceso de las masas de hielo de la Antártida Occidental después de la última
Edad de Hielo en algunas partes del continente se revirtió sorprendentemente
hace unos 10.000 años. La extensión máxima de la capa de hielo se muestra en
verde, la extensión mínima en rojo y la línea de tierra moderna después de la
recuperación en naranja.
A medida que el clima se calentaba después del último máximo glacial, el nivel del mar subía. El ascenso del nivel del mar iba levantando la plataforma de hielo, como un barco varado en una playa cuando llega la marea. El levantamiento causó que la línea de tierra (que es donde el borde de la capa de hielo deja de tocar el fondo marino y se convierte en una plataforma de hielo flotante) retrocediera, hasta situarse unos 200 kilómetros más al interior de su ubicación actual.
¿Cuál fue la causa de que
este retroceso no solo no siguiera, sino que se revirtiera? La hipótesis del
artículo citado es que, durante miles de años, a medida que la capa de hielo se
encogía, la corteza en esta área subió unos cientos de metros y la plataforma
de hielo flotante volvió a tocar el fondo marino, con lo que la línea de tierra
se recuperó. Durante miles de años, a medida que la capa de hielo se encogía,
la corteza en esta área rebotó por cientos de metros y la línea de tierra se
retiró. Es decir, fue el propio fenómeno de pérdida de hielo el que
impulsó esta recuperación.
Sin embargo, este mecanismo
probablemente no funcionará lo suficientemente rápido como para evitar que las
capas de hielo actuales disminuyan debido al calentamiento global actual.
Las observaciones de los
satélites muestran que el deshielo no ha sido uniforme en las distintas
regiones de la Antártida. La región más afectada es la Antártida Occidental
–también llamada Antártida Menor–, donde la pérdida de hielo se ha triplicado
desde los años noventa.
Aunque sólo contiene una
décima parte del hielo de la Antártida, es la región que más contribuye al
deshielo del continente. La tendencia se debe en gran parte al retroceso de los
glaciares de Pine Island y Thwaites, que se adentran en el océano y que se
están fundiendo por el aumento de la temperatura del agua.
También la estrecha península
Antártica, que se extiende hacia el norte en dirección a Tierra del Fuego, ha
registrado una pérdida de hielo acelerada en la última década. Si a mediados de
los años 90 perdía una media de unos 18 millones de toneladas de hielo al día,
en la actualidad pierde cinco veces más: 90 millones de toneladas diarias.
Por el contrario, la
Antártida Oriental, que concentra aproximadamente el 90% del hielo del
continente, no ha experimentado grandes cambios en los últimos 25 años. Allí
las variaciones se deben sobre todo a oscilaciones en los niveles de
precipitación de un año a otro, más que a una fusión acelerada del hielo como
en la Antártida Menor. Aunque en los últimos cinco años ha perdido una media de
75 millones de toneladas diarias de hielo, no es una cantidad muy grande cuando
se reparte sobre toda la superficie de la capa de hielo.
Los investigadores concluyen
que, si se adoptan medidas efectivas para contener el cambio climático y la
temperatura media global no aumenta más de 0,9 grados, el deshielo de la
Antártida sólo hará subir el nivel medio de los mares unos 6 centímetros hasta
el 2070. Pero si no se adoptan estas medidas y se deja que la temperatura
global aumente 2,9 grados, el nivel medio de los mares subirá 27 centímetros
hasta el 2070 por la contribución de la Antártida –a los que habría que añadir
los centímetros ganados por el aumento del volumen del agua debido a su
calentamiento.
En este segundo escenario,
que se producirá cuando los niños que nacen en la actualidad tengan poco más de
50 años, zonas densamente pobladas o de alto valor ecológico como los deltas del
Mekong, el Mississipi o el Ebro, quedarían sumergidas, lo que provocaría
migraciones de millones de personas que perderán sus hogares.
viernes, 11 de mayo de 2018
Pruebas geológicas del ciclo de 405.000 años en la variación de la órbita terrestre
Es un hecho bien conocido entre los científicos de la Tierra
que nuestro planeta sufre periódicamente cambios importantes en su clima. En el
transcurso de los últimos 200 millones de años, nuestro planeta ha
experimentado cuatro períodos geológicos principales (el Triásico, Jurásico y
Cretácico y Cenozoico) y una glaciación pliocena-cuaternaria (glaciación
Pliocena-Cuaternario), todos los cuales tuvieron un impacto drástico en la vida
de las plantas y de los animales, así como también afectaron el curso de la
evolución de las especies.
Desde hace tiempo se sabe que estos cambios se deben en
parte a los cambios graduales en la órbita de la Tierra, los llamados ciclos de
Milankovitch:
·
Excentricidad
de la órbita de la Tierra: actualmente la distancia media de la Tierra al
Sol es de 149,6 millones de quilómetros. Como la órbita es una elipse, la
distancia mayor de la Tierra al Sol es de 152,1 millones de quilómetros y la
menor de 146,1. La excentricidad es, por tanto, (152,1-149,6)/149,6de 1,7 % .
Se sabe que la excentricidad de
la órbita varía con un ciclo principal de unos 405.000 años, con ciclos
secundarios de unos 100.000 años, pudiendo pasar del 0 % al 5%.
El aumento de la excentricidad
de la órbita terrestre provoca el incremento del contraste verano-invierno en
un hemisferio y la reducción de ese contraste en el otro, dependiendo en cada
caso de las estaciones en que ocurran el afelio y el perihelio. Por ejemplo, si
en un hemisferio el verano coincide con el perihelio y el invierno con el
afelio, y la excentricidad es alta, la radiación solar veraniega será muy
intensa y la radiación invernal será muy débil. Por el contrario, en el otro
hemisferio, los contrastes estacionales estarán muy atenuados, ya que el verano
coincidirá con el afelio y el invierno con el perihelio.
·
Inclinación
del eje terrestre de rotación: varía de 22,1 a 24,5o con un
período de unos 41.000 años. Cuando el valor es alto, la diferencia de
insolación estacional es grande y, viceversa, si el ángulo fuese cero no habría
estaciones.
·
Precesión de los equinoccios: es el cambio lento
y gradual en la orientación del eje de rotación de la Tierra, como si se
tratara de una peonza. Su período es de unos 26.000 años. Este lento movimiento
de peonza, es debido a que la Tierra no es perfectamente esférica, pues está algo
achatada en los polos y engordada en el Ecuador.
Hoy día, durante el solsticio de
invierno del hemisferio norte (22 de diciembre) la Tierra se encuentra próxima
al punto de su órbita más cercano al Sol, el perihelio, que alcanza el 3 de enero.
La distancia al Sol durante esos días es la más corta del año, unos 147
millones de kilómetros, y por esa razón la Tierra en su conjunto recibe esos
días el máximo de calor.
Por el contrario, durante el
solsticio de verano del hemisferio norte (21 de junio) la Tierra se encuentra
próxima al punto de su órbita más alejado del Sol, el afelio, que alcanza el 4
de Julio. La distancia al Sol es la más larga del año, 152 millones de
kilómetros, es decir unos 5 millones más que en el perihelio, y la Tierra en su
conjunto recibe esos días un 3,5 % menos de energía solar.
A lo largo de los milenios van
cambiando las fechas del perihelio y del afelio. Hace 13.000 años el perihelio
ocurría en junio y el afelio en diciembre. Lo contrario de ahora.
El ciclo de precesión de los
equinoccios es probablemente más determinante en el clima de las zonas
tropicales que en las polares, en donde parece jugar un papel más importante la
oblicuidad del eje.
Los cambios en la excentricidad de la órbita terrestre están
causados por la influencia gravitatoria de Venus y Júpiter, y se repiten
regularmente cada 405,000 años. Pero no ha sido hasta hace poco que un equipo
de geólogos ha encontrado la primera evidencia de estos cambios en la órbita de
la Tierra: sedimentos y muestras de núcleos rocosos que proporcionan un
registro geológico de cómo y cuándo tuvieron lugar.
El estudio que describe sus hallazgos, titulado "Empirical evidence for stability of the 405-kiloyear Jupiter–Venus eccentricity cycle over hundreds of millions of years", que ha sido publicado recientemente en las Actas de la
Academia Nacional de Ciencias de EE. UU.
Según los registros fósiles, también se sabe que estos
ciclos tuvieron un profundo impacto en la vida en la Tierra, lo que
probablemente tuvo un efecto en el curso de las especies de la evolución.
Los autores del estudio obtuvieron muestras de sedimentos de
la cuenca de Newark, un lago prehistórico que abarcaba la mayor parte de Nueva
Jersey, y una muestra de roca central de la Formación Chinle en el Parque
Nacional del Bosque Petrificado en Arizona. Esta muestra mide aproximadamente
518 metros de largo, 6,35 cm de diámetro, y su formación se data en el Período
Triásico, hace de 202 a 253 millones de años.
Parque
Nacional del Bosque Petrificado en Arizona
Posteriormente, el equipo relacionó las inversiones en el
campo magnético de la Tierra -donde cambian el polo norte y sur- con los
sedimentos con y sin circonitas (minerales con uranio que permiten la datación
radiactiva) y con los ciclos climáticos en el registro geológico. Estas
comparaciones mostraron fue que el ciclo de 405,000 años es el patrón
astronómico más regular relacionado con la órbita anual de la Tierra alrededor
del Sol.
muestra de roca central de la Formación Chinle en el Parque
Nacional del Bosque Petrificado en Arizona
Los resultados indicaron además que el ciclo ha sido estable
durante cientos de millones de años y todavía está activo en la actualidad. Esto
constituye la primera evidencia verificable de que la mecánica celeste ha
desempeñado un papel histórico en los cambios naturales en el clima de la
Tierra. Es un resultado sorprendente, porque este largo ciclo, que se había
predicho a partir de movimientos planetarios desde hace unos 50 millones de
años, se ha confirmado hasta al menos 215 millones de años.
Anteriormente, los astrónomos habían calculado este ciclo de
manera relativamente fiable hasta alrededor de hace 50 millones de años, pero
el problema se volvió demasiado complejo antes de esta fecha debido a que
muchos movimientos cambiantes entraron en juego. Hay otros ciclos orbitales más
cortos, pero cuando miras hacia el pasado, es muy difícil saber con cuál te
enfrentas en un momento dado, porque cambian con el tiempo. Ahora se ha
demostrado, mediante pruebas geológicas, que este ciclo de la variación de la
excentricidad de la órbita terrestre no es puramente teórico y que es estable con el tiempo.
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variaciones orbitales y clima
miércoles, 18 de abril de 2018
La concentración de CO2
La concentración media de CO2
en la atmósfera fue de 406,5 ppm (medida en el observatorio de Mauna Loa), un incremento
de 2,3 ppm respecto del año anterior.
En las gráficas podemos ver
la concentración media anual desde el año 1959, así como el aumento anual.
Respecto al incremento anual, se observa que cada vez es mayor.
Etiquetas:
concentración y emisiones de CO2
domingo, 15 de abril de 2018
La corriente del Golfo se debilita
Se acaba de publicar un nuevo estudio sobre la circulación en el Atlántico norte (Anomalously weak Labrador Sea convection and Atlantic overturning during the past 150 years) que evidencia que este punto clave en el sistema global de circulación oceánica se encuentra actualmente en su punto más débil en los últimos 1.600 años. Si este sistema sigue debilitándose, podría alterar los patrones climáticos desde los Estados Unidos y Europa hasta el Sahel africano, y provocar un aumento más rápido del nivel del mar en la costa este de los Estados Unidos.
La circulación del Océano Atlántico juega un papel clave en
la regulación del clima global. El sistema de circulación en aguas profundas,
conocido como la Correa Transportadora Oceánica Global, envía agua cálida y
salada de la Corriente del Golfo al Atlántico Norte, donde libera calor a la
atmósfera y calienta Europa occidental. El agua más fría se hunde a grandes
profundidades y viaja hasta la Antártida y finalmente regresa a la corriente
del Golfo.
El estudio citado se basa en un análisis exhaustivo de los
registros de sedimentos oceánicos, y demuestra que este debilitamiento de la
circulación del Atlántico comenzó hacia el final de la Pequeña Edad de Hielo,
un período frío de siglos que duró hasta alrededor del año 1850. Parece que
cuando el Atlántico Norte comenzó a calentarse al final de la Pequeña Edad de
Hielo, el aumento de la aportación de agua dulce modificó el sistema de la
Circulación Meridional de Derivación Atlántica (AMOC, por sus siglas en inglés,
Atlantic Meridional Overturning Circulation). El hielo marino del Ártico y las placas
de hielo y glaciares que rodean este océano comenzaron a derretirse, formando
una enorme fuente natural de agua dulce que afluía en el Atlántico Norte. Esta
gran afluencia de agua dulce diluyó la superficie del agua de mar, haciéndola
más liviana y menos capaz de hundirse profundamente, ralentizando el sistema
AMOC.
Para investigar la circulación del Atlántico en el pasado, los
autores de este estudio han estudiado el tamaño de los granos de los sedimentos
depositados por las corrientes de aguas profundas; cuanto más grandes son los
granos, más fuerte es la corriente. Además, han usado una variedad de métodos
para reconstruir las temperaturas oceánicas cercanas a la superficie en
regiones donde la temperatura está influenciada por la fuerza del AMOC. Combinados,
estos enfoques sugieren que el AMOC se ha debilitado en los últimos 150 años en
aproximadamente 15 a 20 %.
Estos datos cuestionan los modelos climáticos globales actuales,
ya que la circulación en el Atlántico Norte es mucho más variable de lo que se pensaba.
Podría ser porque los modelos no tienen placas de hielo activas, o tal vez hubo
más derretimiento del Ártico y, por lo tanto, entró más agua dulce en el
sistema de lo que se estima actualmente.
Otro estudio, también publicado hace pocos días, Observed fingerprint of a weakening Atlantic Ocean overturning circulation, analiza los
datos del modelo climático y las temperaturas pasadas de la superficie del mar,
y llega a la conclusión que AMOC se ha debilitado más rápidamente desde 1950 en
respuesta a calentamiento global reciente.
Juntos, los dos nuevos estudios proporcionan una evidencia
de que el actual AMOC es excepcionalmente débil.
Lo que es común a los dos períodos de debilitamiento de AMOC, el final de la Pequeña Edad de Hielo y las últimas décadas, es que ambos se calentaron y se derritieron. Se podría predecir que, como el calentamiento y el derretimiento continuarán en el futuro debido a las continuas emisiones de dióxido de carbono, AMOC continuará debilitándose. Sin embargo, al igual que los cambios pasados en el AMOC han sorprendido, puede haber sorpresas futuras inesperadas. Por ejemplo, hasta hace poco se pensaba que el AMOC era más débil durante la Pequeña Edad de Hielo, pero estos nuevos resultados muestran lo contrario, lo que destaca la necesidad de mejorar la comprensión de este sistema.
viernes, 23 de marzo de 2018
¿Una nueva pausa en el calentamiento global?
Algunos han aprovechado el
dato de la anomalía global mes de febrero, publicado por UAH, y que da un valor
de +0,20oC, para lanzar la hipótesis de una nueva pausa en el aumento
de las temperaturas. En efecto, si miramos la media de las anomalías de 2001 a
2015, tiene un valor de +0,20oC.
Sin embargo, si comparamos la
anomalía del mes de febrero con la tendencia de los años 1979 a 1999, que fue
de +0,148oC/década, con un coeficiente de correlación r = 0,43, y cuya desviación tipo de las diferencias entre los valores reales y la tendencia es
de σ =
0,192, comprobamos que el valor de febrero se encuentra a -0,77 σ del valor que le correspondería, por lo que no se puede afirmar que este valor esté fuera de la tendencia de los años 1979 a 1999.
Veremos la evolución en los
próximos meses.
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